martes, 16 de julio de 2024

Hepatitis granulomatosa tuberculosa como causa de fiebre de origen desconocido

Rev. gastroenterol. Perú v.22 n.4 Lima oct./dic. 2002

 INTRODUCCIÓN

Uno de los mayores desafíos para el clínico lo constituye la fiebre de origen desconocido (FOD) para cuyo discernimiento no existen algoritmos ni pistas diagnósticas fiables (1).  El enfoque se dificulta cuando las manifestaciones clínicas son mínimas,  sutiles o insuficientes para configurar una enfermedad o un grupo de enfermedades.

Clásicamente se define FOD como aquella enfermedad de más de tres semanas de duración con temperatura que supera los 38. 3°C y cuyo diagnóstico permanezca incierto,  luego de una semana de estudios (1-3). 

En las series de las dos últimas décadas se han reportado como 200 entidades clínicas causantes de FOD,  de ellos el 70% corresponden a procesos infecciosos,  neoplasias o colagenosis; siendo las condiciones más mencionadas: tuberculosis, endocarditis, linfoma, tumores sólidos, enfermedad de Still del adulto, vasculitis, lupus eritematoso sistémico y enfermedades granulomatosas (2-6).

A propósito del presente caso de FOD,  ocasionado por una hepatitis granulomatosa de origen tuberculoso, se realiza una revisión de la literatura sobre esta entidad con comentarios sobre enfoques de diagnóstico y tratamiento.

CASO CLINICO

Paciente mujer de 50 años de edad,  natural de Bolivar,  La Libertad,  procedente de Lima,  Testigo de Jehová, admitida en el Hospital Arzobispo Loayza en junio de 1996 con 50 dias de enfermedad caracterizado por fiebre de 39°C,  precedida de escalofríos y seguida de diaforesis profusa. Un mes antes del ingreso había notado máculas hipercrómicas muy pruriginosas,  no confluentes,  de 2 mm de diámetro,  en todo el cuerpo,  que mejoró con sintomáticos. Una semana después le diagnostican fiebre tifoidea con aglutinaciones en el límite superior recibiendo un curso de cotrimoxazol,  sin mejoría. Fue investigada para tuberculosis pulmonar y malaria,  resultando negativa. Recibió cursos con amoxicilina y luego ampicilina ante la presunción de infección respiratoria alta. Al persistir la fiebre acude al Hospital donde es internada.

Funciones biológicas: Orinas oscuras. Sueño alterado por la fiebre. No variación ponderal.

Antecedentes: Salpingo oforectomía bilateral 15 años atrás. Durante su niñez padeció de paludismo en siete oportunidades con tratamientos incompletos. A los 40 años de edad fue diagnosticada de anemia. Un año después tuvo un nódulo tiroideo sin evidencia de malignidad en su histología.   

Examen físico: Febril, crónicamente enferma,  adelgazada y pálida. Se aprecian cicatrices queloideas en la cara anterior del cuello y en la línea media infraumbilical. Pápulas hipercrómicas en piernas y pies. El abdomen dejaba palpar el bazo a 5 cm debajo del reborde costal,  de superficie lisa,  bordes regulares y de consistencia normal. El resto sin alteraciones.

Evolución

Desde el cuarto día de hospitalización se incrementa el tamaño del bazo hasta alcanzar 10 cm debajo del reborde costal. En el intercurso se documenta infección de vías urinarias causada por E.  Coli que fue tratada satisfactoriamente con ciprofloxacino, sin embargo continúa con fiebre y desarrolla pancitopenia. Gota gruesa en varias ocasiones y test de Marañón negativas. El mielograma fue informado como hiperplasia reticular leve. La serología para HIV, fiebre tifoidea,  brucellosis,  mononucleosis y toxoplasmosis fueron negativos. Las baciloscopías para tuberculosis,  los hemocultivos y el mielocultivo no fueron contributorios. Una ecografía abdominal mostró esplenomegalia moderada y formaciones líquidas pequeñas en cabeza y cuerpo de páncreas. Se obtuvo líquido ascítico tipo trasudado con adenosin deaminasa y Papanicolaou negativos. La bioquímica hepática reveló hiperbilirrubinemia a predominio directo con disociación fosfatasa alcalina-transaminasas incipiente.

En la segunda semana de hospitalización la paciente se torna ictérica,  desarrolla anasarca y el hígado se palpa a 14 cm debajo del reborde costal. Una TAC abdominal evidenció hepatoesplenomegalia importante sin colecciones intraabdominales. También fueron negativos las pruebas de alfa-fetoproteina,  marcadores para hepatitis viral, citomegalovirus y lues.

Fue diagnosticada de absceso periodontal y ascaridiasis mejorando con el tratamiento. Una nueva ecografía abdominal demostró hepatoesplenomegalia,  ascitis,  vena porta dilatada y en el perfil hepático de control se encontró inversión de la relación albúmina-globulina y una acentuada disociación fosfatasa alcalina-transaminasas e hiperbilirrubinemia indirecta. La endoscopía alta reportó várices esofágicas grado II. Se procedió a la biopsia hepática por laparoscopía. El cultivo de tejido hepático fue negativo para Mycobacterium tuberculoso y su histología resultó compatible con hepatitis granulomatosa de origen tuberculoso (Fig.  1 y 2). Se inició el tratamiento para tuberculosis,  la fiebre cayó al octavo día y las pruebas hepáticas se normalizaron al segundo mes de tratamiento con remisión de la ascitis y hepatomegalia. Seis años después el bazo no ha disminuido de tamaño. Hay evidencia de hipertensión portal,  persistencia de várices esofágicas y ha desarrollado plaquetopenia.

Figura 1

Figura 2

 

DISCUSIÓN

Recientemente Durack y Street debido al incremento de pacientes con FOD asociada a métodos invasivos, a neutropenia o a infección por VIH propusieron una nueva clasificación que incluye FOD Clásica, FOD Nosocomial, FOD Neutropénica y FOD asociada al VIH (3,7). Otras categorías a considerarse son FOD en Cáncer, FOD en ancianos, FOD en niños. Ello permite elaborar un diagnóstico diferencial dirigido a cada grupo.   

El caso en discusión corresponde al grupo de FOD Clásica. En este grupo algunas consideraciones útiles a tenerse en cuenta para el diagnóstico serían: El patrón o la duración de la fiebre no se relacionan con el diagnóstico final como por ejemplo no son frecuentes como se espera el patrón característico de malaria,  la neutropenia cíclica o la fiebre de Pel-Ebstein del linfoma. Igualmente la disociación pulso-temperatura que suele verse en fiebre tifoidea,  brucellosis,  enfermedad por Legionella,  fiebre por drogas,  linfoma,  fiebre facticia,  por lo general está ausente y solo es útil cuando está presente. Se sospechará de la presencia de tumores sólidos o de enfermedad de Still cuando la prueba del naproxeno resulte positiva. La triada de fiebre alta,  erupción evanescente y artritis en un adulto joven con ferritina sérica elevada en 10 veces es también indicadora de enfermedad de Still. Otra pista útil en caso de linfomas lo constituye un marcado incremento de la b2-microglobulina o de la deshidrogenasa láctica séricas por encima de 1000 UI asociada a la presencia de adenomegalias,  esplenomegalia y anemia o trombocitopenia. En ancianos con síntomas sistémicos,  fiebre y eritrosedimentación elevada considerar la posibilidad de biopsiar la arteria temporal incluso en ausencia de signos específicos de arteritis (5,8).

De acuerdo al diagnóstico final las etiologías del FOD pueden agruparse en cinco categorías: 1. Infecciosas. 2. Neoplasias. 3. Colagenosis. 4. Enfermedades granulomatosas. 5. Misceláneas. Un tercio de las FOD correlacionan con infecciones siendo las más frecuentes tuberculosis, endocarditis subagudas,  infecciones intraabdominales,  virosis y micosis sistémicas. De ellas la infección más común es la tuberculosis,  constituyendo el 40% de las infecciones en las series españolas(8)

El enfoque diagnóstico de las FOD debería ser secuencial:
1. Historia clínica y examen físico minucioso que permita una presunción diagnóstica y de no ser contributorio disponer del hemograma,  velocidad de sedimentación globular,  examen completo de orina,  pruebas de función hepática,  proteinograma electroforético,  radiografía de tórax y abdomen,  PPD,  serología para salmonella,  brucella y VIH,  cultivos (orina,  sangre,  heces),  si es mujer anticuerpos antinucleares,  ecografía abdominal y rastreo corporal con galio-67 o indio-111 si amerita el caso.
 2. Si aún no se tiene orientación diagnóstica hospitalizar al paciente para exploración física diaria,  buscando la aparición de algún nuevo signo y descarte de fiebre facticia y por drogas. 3. Realizar punción lumbar,  biopsias (médula ósea,  hígado,  arteria temporal, piel, músculo) arteriografía,  laparoscopía y otras como ecocardiograma,  TAC cerebral. 4. Si no se llega a una orientación diagnóstica quedan dos posibilidades. Si el estado general es bueno y no hay pérdida ponderal se recomienda dar de alta y reevaluar en 3 y 6 meses. Si el estado general es malo o existe deterioro progresivo evaluar la realización de una laparatomía exploratoria, si cursa con síntomas abdominales persistentes,  masa abdominal palpable,  ascitis de causa no determinada,  radiografía o ecografía patológicas,  hepato y/o esplenomegalia,  derrame pleural,  aumento de fosfatasa alcalina o pérdida de peso mayor del 10%.

Entre algunas actitudes terapéuticas a pesar de no tener un diagnóstico de certeza,  son el uso de tuberculostáticos como prueba terapéutica durante seis semanas,  la fiebre suele caer en la primera semana. Asimismo, el uso de antibióticos a dosis altas por la posibilidad de endocarditis con cultivos negativos;corticoides en caso de polimialgia reumática con biopsia de arteria temporal normal,  si hay respuesta en horas es casi diagnóstica; ácido acetilsalicílico en caso de fiebre reumática o enfermedad de Still,  aunque en ésta suele ser necesario administrar corticoides para que caiga la fiebre; y cloroquina ante la sospecha de absceso hepático amebiano (5,8)

A pesar de los procedimientos diagnósticos un 5-10% quedan como auténticos FOD con buena evolución y resolución espontánea de la fiebre en la mayoría de los casos. De este grupo solo un 10% tendrá un diagnóstico definitivo en el seguimiento a 5 años y la mortalidad alcanza solo un 3% (5,8,9)

Como podemos apreciar nuestra paciente no presentaba cuadro clínico característico de alguna enfermedad y precisamente las FOD son eso,  enfermedades comunes pero de presentación atípica. Secuencialmente el estudio del caso incluyó hasta el tercer estadío.

Cuando tenemos un paciente con fiebre, ictericia y hepatoesplenomegalia, algunos planteamientos diagnósticos a tomarse en cuenta incluyen SIDA, lupus eritematoso sistémico,  artritis reumatoidea, sarcoidosis, malaria, tuberculosis, mononucleosis, hepatitis citomegálica,  leucemias mielocíticas y linfocíticas crónicas entre otros, que fueron posibilidades que se alejaron de acuerdo al cuadro clínico y los exámenes solicitados, quedando como prioridades enfermedad tuberculosa y neoplasia hematológica.

En relación a la enfermedad tuberculosa,  el espectro clínico es variado, pudiendo afectar a cualquier órgano de la economía. Una de estas formas es la tuberculosis hepática que tiene cuatro modalidades de presentación: Tuberculoma, abscesos tuberculosos, colangitis tuberculosa y hepatitis granulomatosa tuberculosa (10-13)

La tuberculosis hepática localizada comprende a los tuberculomas y abscesos que cursan con un cuadro general de fiebre, pérdida de peso, anorexia y sobre todo dolor abdominal (14). Hasta 1994 se había reportado 29 casos de abscesos hepáticos tuberculosos en la literatura inglesa y 14 en la japonesa;ello traduce su baja frecuencia,  la que alcanza 0. 34% (13)

De otro lado, las enfermedades granulomatosas que cursan con FOD incluyen la sarcoidosis, la colitis ulcerativa, la enfermedad de Crohn, la enfermedad de Whipple y las hepatitis granulomatosas (3). Las causas más frecuentes de hepatitis granulomatosa se listan en la (Tabla 1).

Tabla 1.  Hepatitis granulomatasa. Causas.

 

La tuberculosis hepática difusa, miliar o hepatitis granulomatosa tuberculosa se presenta con sintomatología escasa e inespecífica como malestar general, fiebre, escalofríos, anorexia, astenia o pérdida ponderal (12).  Se caracteriza por la presencia de granulomas microscópicos en lobulillos hepáticos cercanos a la vena centrolobulillar;y en el 90% de los casos de TBC diseminada existe compromiso hepático (14). En diversas series de granulomas hepáticos la etiología tuberculosa oscila en rangos de 1. 8 a 62% (Tabla 2).

Tabla 2.  Granulomatosis hepática tuberculosa.

 

En nuestro caso el hallazgo que permitió inferir el diagnóstico fue la evidencia de colestasis que como se sabe, con la ecografía o la tomografía axial computarizada se define si es intrahepática o extrahepática. El estudio se complementa con una biopsia hepática en el primer caso,  y con una colangiopancreatografía retrógrada endoscópica en el segundo.

El otro evento que ayudó en el diagnóstico fue la disociación fosfatasa alcalina-transaminasas que es un aumento de fosfatasa fuera de proporción en relación con el aumento de la transaminasa glutámica oxalacética. Este hallazgo suele corroborarse con un incremento en el valor de gammaglutamiltransferasa y se ve en pocas entidades, como cirrosis biliar primaria, Fiebre Q, absceso hepático,  neoplasia hepática y hepatitis granulomatosa entre otras.

Ciertamente el diagnóstico diferencial de la granulomatosis hepática no es sencillo. En la mayoría de las series alrededor de 50 a 70% de los casos corresponden a sarcoidosis y tuberculosis (14,  15). La diferencia fundamental radica en que en la sarcoidosis los granulomas son más numerosos que en la TBC,  siendo necesario en ocasiones repetir la biopsia. Además,  en TBC puede o no haber necrosis caseosa, presencia de BAAR y los pocos granulomas tienden a coalescer. En general el 25% de pacientes con TBC pulmonar y el 80% de casos de TBC extrapulmonar tienen hepatitis granulomatosa (16-19).

Como si esto no fuera suficiente el rendimiento de las pruebas para el diagnóstico de tuberculosis hepática son bajas. Así en la serie de Gilinsky de 116 casos el 50% (58 casos) fueron portadores de TBC hepática,  se encontraron BAAR en 7 pacientes,  necrosis caseosa en 10 y el cultivo fue positivo unicamente en 2 casos.  (14).

Un tema de confusión lo constituye la interpretación del examen bioquímico del líquido ascítico en el cual la precisión de estar frente a un exudado o trasudado dependerá de ciertos parámetros de uso clínico como la concentración de proteínas en líquido ascítico cuyo punto de corte es 2.5 g/dl, la gradiente de albúmina con límites en 1.1, y el índice proteico (Proteína ascitis/Proteína sérica) con valores de 50% que muestran especificidades de 73.3, 93.3 y 73.3, y valores predictivos positivos de 85.7, 96.5 y 86.6 respectivamente mostrados en la serie de 40 pacientes de Paré (20,21). Con una casuística de 60 pacientes,  Valdivia en su tesis doctoral al modificar los límites de estos parámetros a 2.94 g/dl para la concentración de proteínas en líquido ascítico,  a 1. 5 para la concentración de albúmina en líquido ascítico y a 47% para el índice proteico obtiene especificidades de 100, 81.5 y 92.6% y valores predictivos positivos de 100, 85.3 y 94.1 respectivamente. (22-24).   

Otro comentario que motivó este caso fue el desarrollo de hiperesplenismo que como se sabe cursa con esplenomegalia,  anemia,  bicitopenia o pancitopenia,  médula ósea normal o con hiperplasia compensadora, reticulocitosis, incremento de macroplaquetas, que se resuelven con la esplenectomía,  hallazgos que aquí se observaron casi en su totalidad. Sin embargo llamaba la atención la esplenomegalia masiva que reduce el diagnóstico diferencial a entidades como talasemias, trombosis de la esplénica, hipertensión portal, leucemias mielocíticas y linfocíticas crónicas,  leucemia a células velludas,  linfoma No Hogkin, tuberculosis, amiloidosis, leishmaniasis visceral, histoplasmosis brucellosis y paludismo crónico.   

Creemos que esta paciente tuvo además,  esta última condición,  llamada también Síndrome de Esplenomegalia Tropical o Esplenomegalia Hiperreactiva Malárica que según los criterios establecidos por Fakunle se caracteriza por: Esplenomegalia masiva y persistente (mayor de 10 cm), residencia prolongada en área malárica,  títulos elevados de anticuerpos antimaláricos ( mayor a 2 DE Ig M de la zona) y reducción del tamaño esplénico con profilaxis para malaria (cloroquina 10 mg/Kg/semanal). En estos casos el incremento en el tamaño del hígado y bazo se ven estimulados por la gran cantidad de inmunocomplejos de alto peso molecular formados por Ig M. Se considera que existe malaria crónica en casos de paludismo de larga duración,  causados por recaídas o recrudescencias, desencadenados a su vez por: Tratamiento insuficiente,  cambios de clima o exposiciones al frio,  alteración de la resistencia individual por desnutrición,  inmunosupresión,  intervenciones quirúrgicas y enfermedades debilitantes.  El cuadro clínico característico incluye dolor abdominal,  escalofríos,  fiebre y sudoración asociadas a anemia,  leucopenia y esplenomegalia (25-27).

Se sabe que en algunos casos refractarios a la terapéutica puede aparecer una proliferación linfoide clonal que más tarde puede evolucionar hacia un trastorno linfoproliferativo maligno (27). Nuestra paciente en el seguimiento ha cursado con eventuales síndromes purpúricos asociado a plaquetopenia sin variación del cuadro de hipertensión portal.

En conclusión, la hepatitis granulomatosa es una causa poco frecuente de fiebre de origen oscuro. Su diagnóstico requiere una alta sospecha clínica, en el contexto de colestasis intrahepática con notable incremento de fostasa alcalina que no se acompaña de movilización proporcional de transaminasa oxalacética. En nuestro medio la etiología tuberculosa es la más común, su confirmación depende de los hallazgos anatomopatológicos y la respuesta a la terapia suele ser satisfactoria.   

Enfermedad Granulomatosa Hepática

 Autor/a: Dr. Marcelo Corti 

La inmunosupresión que padecen las personas infectadas por el virus de la inmunodeficiencia humana (HIV) en fases avanzadas de la enfermedad favorecen la aparición de enfermedades oportunistas.(1) Las patologías hepáticas en pacientes HIV+ que presentan patrón garnulomatoso entre otras son la TBC y otras micobacterias, la histoplasmosis y el linfoma (2):

Micobacterias:

Las infecciones causadas por micobacterias ocupan un lugar relevante dentro de las complicaciones de pacientes con SIDA (3)

La TBC se ha convertido en un problema de salud pública a nivel mundial por el notable aumento de su incidencia, por la posibilidad de contagio de pacientes HIV+ al resto de la población y por la aparición cada vez más frecuente de cepas de Mycobacterium tuberculosis multiresistente (4)

Cabe destacar que en las formas extrapulmonares el hígado es uno de los órganos afectados.

La tuberculosis hepática puede presentarse bajo la forma de granulomas5, abscesos, colangitis o con hallazgos inespecíficos.

En el examen clínico es común la hepatoesplenomegalia y en ocasiones, adenopatías periféricas e ictericia moderada. Las adenomegalias son frecuentes en terreno mesentérico o retroperitoneal y ocasionan dolor abdominal persistente y en ocasiones abdomen agudo por cuadros suboclusivos.

Los análisis de laboratorio muestran anemia moderada a severa, leucopenia, un aumento significativo de enzimas de colestasis: elevación de la FAL y GGT con discreto aumento de ALT.

La ictericia no es constante pero puede orientar fuertemente hacia esa etiología.

Hallazgos ecográficos: puede observase un patrón hiperecogénico que puede corresponder a granulomatosis, abscesos de acracterísticas similares a los de origen piógeno o pequeñas amágenes que corresponden apequeñas aglomeraciones de granulomas.

En un estudio prospectivo (6) de 77 casos confirmados de micobacteriosis diseminada fue la siguiente: adenopatías retroperitoneales: 64%, hiperecogenicidad hepática: 51%, lesiones esplénicas focales: 38%, ascitis: 27%.

Solo el 13% de los casos estudiados no presentaban alteraciones en la ecografía abdominal.

Si se toma en cuenta solo aquellos pacientes con confirmación de granulomatosis hepática por micobacteriosis diseminada, los hallazgos bioquímicos y ecográficos más significativos son: FAL elevada: 75%, ictericia: 21%, patrón hiperecogénico: 92%, adenopatías retroperitoneales: 58%, lesiones esplénicas;58%.

En estos casos la biopsia hepática tiene un alto rendimiento diagnóstico.

Histoplasmosis:

En pacientes HIV/SIDA el H. capsulatum causa enfermedad diseminada en el 95% de los casos (7)

La histoplasmosis se caracteriza por presentar los síntomas que corresponden a las formas diseminadas agudas o subagudas, en las cuales las manifestaciones generales de un cuadro infeccioso grave son las más destacadas.

La forma clínica más común se caracteriza por un cuadro febril con hepatoesplenomegalia y linfadenopatías en el 25% de los casos y lesiones cutáneas y/o pulmonares, en general el conteo de células CD4 es < de 200 cel/mm3

La lesión granulomatosa en hígado se puede ver en menos del 20%8

El daño hepático se sospecha por el aumento significativo de la FAL y el aumento variable de las transaminasas, en lo que se refiere a la imagen ecográfica el hallazgo más frecuente son las adenopatías retroperitoneales.

Linfoma no- Hodgkin:

El linfoma no Hodgkin (LNH) es la segunda neoplasia que se da en la enfermedad por HIV. y es la neoplasia más común en los adictos a drogas endovenosas con SIDA. El 70% de los LNH en la enfermedad por HIV, son de alto grado de malignidad y el 30% son de intermedia malignidad. Está descripta una asociación con el virus de Epstein Baar9

La incidencia de LNH es marcadamente superior en pacientes HIV+, comparados con la población HIV negativa.

En los pacientes con LNH asociado al SIDA, el 65 al 85% tienen linfomas estadío III y IV y el compromiso de sitios extraganglionares es la regla (65 a 95%).

Las presentaciones extraganglionares más comunes son: el tubo digestivo, la médula ósea, el SNC y el hígado.

El diagnóstico es histológico por biopsia.          

viernes, 28 de junio de 2019

Fisiopatología y opciones de tratamiento a futuro en la encefalopatía hepática
Pathophysiology of hepatic encephalopathy and future treatment options
J.A. González-Regueiro, M.F. Higuera-de la Tijera, R. Moreno-Alcántar, A. Torre
Rev Gastroenterol Mex.2019;84:195-203
Introducción

La encefalopatía hepática (EH) se presenta en un 30-60% de los pacientes cirróticos. Es una expresión clínica de un espectro de anormalidades neuropsiquiátricas potencialmente reversibles, secundarias al acúmulo de sustancias neurotóxicas en el tejido cerebral, que es proporcional a la función sintética y de reserva del hígado. Por ello, es importante conocer y comprender sus componentes, fisiopatología y blancos terapéuticos, con el fin de disminuir el riesgo de complicaciones (neumonía intrahospitalaria, manejo inadecuado de secreciones, sarcopenia o desnutrición, entre otras) y, además, mejorar la clase funcional de los pacientes que la padecen.
La EH se clasifica de acuerdo a 4 factores: la enfermedad subyacente, la gravedad de las manifestaciones, la temporalidad y la existencia de factores precipitantes. Con relación a la enfermedad subyacente, esta se divide en 3 tipos dependiendo del contexto clínico en el que ocurra: la tipo A se presenta en el contexto de una falla hepática aguda; la tipo B, en el contexto de una derivación portosistémica sin enfermedad hepática intrínseca; y la tipo C, en el contexto de cirrosis con hipertensión portal o una derivación sistémica. De acuerdo a la gravedad de las manifestaciones se clasifica en mínima u oculta, grado I, grado II, grado III y grado IV, según las características clínicas (cambios conductuales, confusión, bradipsiquia, alteraciones del ciclo sueño-vigilia, habla incoherente, letargia, estupor y coma) y alteraciones neuropsicológicas o psicométricas que presente el paciente. En cuanto al curso temporal, puede ser episódica, recurrente (2 o más episodios de EH que ocurren dentro de un intervalo de tiempo de 6 meses o menos) o persistente (patrón de alteraciones de la conducta que siempre están presentes, sin periodos de normalidad). Por último, los episodios de EH se describen como no precipitados o precipitados, en relación con si se encuentra o no un factor desencadenante1.
Fisiopatología de la encefalopatía
Históricamente, en la fisiopatología de la EH se ha involucrado la presencia de niveles elevados de toxinas en el parénquima cerebral, teniendo como principal agente al amonio (NH3). La evidencia actual apoya que el amonio es solo un componente más de los múltiples factores fisiopatogénicos que contribuyen a la aparición de esta2-9.
El abordaje de la fisiopatología debe incluir la integridad de los sitios naturales de detoxificación, como el hígado, intestino, músculo, riñón y astrocito, además del estudio de la circulación colateral. (fig. 1).

Fisiopatología de la EH. En los pacientes con cirrosis, la concentración de amonio puede aumentar significativamente. Esto se debe a una menor detoxificación del amonio en el hígado y alguna otra alteración del metabolismo en otros órganos como el músculo, riñón e intestino, que no permiten eliminar el amonio de manera adecuada. GLN: glutamina; GS: glutamina sintetasa; NH3: amonio; PAG: glutaminasa activada por fosfato. Fuente: adaptada de Rose CF. Ammonia-lowering strategies for the treatment of hepatic encephalopathy. Clin Pharmacol Ther. 2012;92:321–31.
Figura 1.
Fisiopatología de la EH. En los pacientes con cirrosis, la concentración de amonio puede aumentar significativamente. Esto se debe a una menor detoxificación del amonio en el hígado y alguna otra alteración del metabolismo en otros órganos como el músculo, riñón e intestino, que no permiten eliminar el amonio de manera adecuada.
GLN: glutamina; GS: glutamina sintetasa; NH3: amonio; PAG: glutaminasa activada por fosfato.
Fuente: adaptada de Rose CF. Ammonia-lowering strategies for the treatment of hepatic encephalopathy. Clin Pharmacol Ther. 2012;92:321–31.
(0,11MB).
Sitios de detoxificaciónHígado
Clasificar la gravedad de la disfunción hepática de pacientes con cirrosis de acuerdo a la escala de Child-Pugh nos da la oportunidad de estimar su función sintética, además de valorar las complicaciones propias de la hepatopatía. La preocupación por el acúmulo de neurotoxinas endógenas (NH3) surge a partir de los pacientes que se encuentran con una clasificación en escala de Child B y C, o con cirrosis descompensada. Si bien es cierto que los pacientes con una clasificación dentro de la escala de Child A tienen un porcentaje mucho menor de encefalopatía clínica, debemos buscar intencionadamente EH mínima con las pruebas adecuadas, ya que el tratamiento en esta fase impacta favorablemente en la progresión a formas clínicamente evidentes10.
El amonio en el hígado se elimina principalmente mediante el ciclo de la urea, y la urea es el principal producto de la degradación proteica producida por el hígado mediante esta vía metabólica. La L-ornitina L-aspartato (LOLA) funciona en este sitio como sustrato del ciclo de la urea y así interviene en la disminución de los niveles de amonio, por incremento en el flujo de glutamina sintetasa (GS) y del sistema enzimático del ciclo de la urea. Varios investigadores han realizado estudios de metaanálisis para estudiar la efectividad de LOLA en pacientes cirróticos con EH, subdivididos en EH manifiesta y EH mínima. Los estudios han concluido que LOLA tiene efectos benéficos en ambos grupos respecto a mejoría del estado mental y grado de EH, así como en la reducción de los niveles séricos de amonio11,12.
El zinc (Zn) es un cofactor importante en las reacciones enzimáticas llevadas a cabo tanto en el hígado como en el músculo. A nivel molecular, se considera que la carencia de este mineral disminuye la acción de la ornitina transcarbamilasa, una enzima del ciclo de la urea, y la GS, una enzima esencial en el metabolismo del nitrógeno, encargadas de la eliminación del amonio en el hígado y el músculo, respectivamente. Aportar suplemento de Zn se acompaña de un incremento en la actividad enzimática de estas 2 enzimas. Algunos estudios han podido constatar que en la población cirrótica existe una depleción importante de Zn13; se calcula que el 95% de los pacientes cirróticos con un MELD score mayor o igual a 15 puntos tienen deficiencia de Zn14, lo que correlaciona con la mayor incidencia de encefalopatía en este tipo de pacientes. En el estudio realizado por Bresci et al. se reportó una mejoría en las pruebas psicométricas de pacientes con cirrosis en el grupo que fue suplementado con Zn en comparación con el grupo que no recibió suplementación; desafortunadamente, la diferencia no fue estadísticamente significativa15. Por lo tanto, en otro artículo de revisión sobre la deficiencia de Zn, sugieren que el suplemento de Zn puede ser una terapia a considerar en aquellos pacientes refractarios al tratamiento basado en dietas hipoproteicas y administración de lactulosa16.
El beneficio del Zn fue demostrado posteriormente por el grupo de Takuma con un ensayo clínico en pacientes cirróticos con EH de grados I y II que fueron refractarios al tratamiento. En este trabajo los pacientes se dividieron en 2 brazos: los pacientes que recibirían suplemento de Zn y terapia estándar (aminoácidos de cadena ramificada y lactulosa) frente a aquellos que solo recibirían la terapia estándar. Los pacientes fueron seguidos en el tiempo durante 6 meses para dilucidar los efectos en relación con la EH y la calidad de vida. Los pacientes que recibieron suplementación mejoraron significativamente respecto a la escala de componentes físicos, el grado de encefalopatía y los niveles sanguíneos de amonio. Aproximadamente el 54% de los pacientes mejoraron su grado de encefalopatía, y de estos, el 41% mejoraron hasta EH grado 0. Cabe mencionar que dentro de las limitaciones de este estudio se encuentran: la técnica de enmascaramiento, ya que no fue un estudio ciego, y la suplementación de Zn, que contenía L-carnitina y puede actuar como antioxidante17.
Dentro de los inconvenientes de esta terapia se encuentran: la reducción de la acción del ciprofloxacino, la falta de estudios para encontrar una dosis efectiva, así como la deficiencia de cobre y dispepsia generada con el uso prolongado.
Intestino
La sobreproducción de amonio en el intestino juega un papel clave en el desarrollo de EH. Las bases científicas se plantearon a mitad del siglo pasado, al darse cuenta de que la EH estaba relacionada con la absorción de sustancias nitrogenadas provenientes del intestino. Por las mismas fechas, se identificó la metionina como agente tóxico y se describió la riqueza de bacterias coliformes que habitan en el intestino delgado de los pacientes con cirrosis. Posteriormente, Bajaj et al. han identificado diversos cambios que ocurren a nivel de la microbiota intestinal en los pacientes con cirrosis y se han dado cuenta de que conforme estos se encuentran en una fase más descompensada de la enfermedad hay mayor disbiosis, estableciendo así la razón cirrosis disbiosis, que mientras más baja sea esta se asocia a mayor morbimortalidad18,19. Hasta la fecha solo el estudio de Chen et al. ha logrado reproducir el microbioma fecal del cirrótico20; esto es importante porque cada población es diferente, por lo que los blancos potenciales de tratamiento se deberán enfocar en la microbiota predominante.
Históricamente se ha utilizado el abordaje basado en antibióticos de pobre absorción, como rifaximina o neomicina, para reducir la producción de amonio intestinal de las bacterias productoras de ureasa. Existe poca evidencia relacionada con la eficacia de la neomicina, sin embargo, la rifaximina es una de las opciones terapéuticas más estudiadas. Múltiples trabajos han evaluado la rifaximina en el tratamiento de pacientes con EH confirmando su eficacia y seguridad en dosis de 1,200 o 2,400mg/día21-27; también se ha corroborado su utilidad como medida utilizada en profilaxis secundaria26. Otros estudios han comparado la rifaximina con los disacáridos no absorbibles y se ha visto que ambos son eficaces para el tratamiento de la EH, reduciendo los niveles de amonio en sangre y mejorando los síntomas; sin embargo, la rifaximina ha demostrado una mejoría más temprana y menos efectos secundarios23,25,27. Así mismo, se ha descrito que la utilización oral de vancomicina también puede disminuir la diversidad de la microbiota intestinal28. En un estudio en Japón de 12 pacientes con EH resistente a la lactulosa, se les agregó vancomicina al manejo y se observó una mejoría en el grado de EH29. Este pequeño estudio ciego sugiere que la vancomicina puede ser una opción en pacientes que no responden al tratamiento con lactulosa; sin embargo, se debe tener precaución debido al diseño del estudio y a que existe poca evidencia respecto a su uso.
Los disacáridos no absorbibles como la lactulosa (β-galactosidofructosa) y el lactitol (β-galactosidosorbitol) logran reducir la producción intestinal y la absorción de NH3, mediante la acidificación en el colon, un efecto laxante, el movimiento del NH3 desde la circulación portal hacia el colon y la interferencia con la captación de glutamina por parte de la mucosa intestinal y su subsecuente metabolismo a NH3. La dosis de lactulosa (15 a 30mL administrados de 2 a 4 veces al día) se titula para que el paciente tenga de 3 a 5 evacuaciones diarias y se puede administrar por vía rectal en los casos en que el paciente no puede tomar los medicamentos. Este grupo de medicamentos se consideran la terapia de primera línea para el tratamiento de la EH, y la mejoría de los síntomas ocurre en alrededor del 70% de los casos. Múltiples estudios han evaluado la lactulosa con relación al tratamiento de la EH mínima, EH manifiesta y como medida de profilaxis secundaria en pacientes con cirrosis, confirmando su eficacia y seguridad30-33. En los ensayos clínicos se ha visto que el lactitol es mejor tolerado y ha demostrado ser igual de eficaz que la lactulosa para el tratamiento de la EH34,35. A la hora de comparar la utilización de antibióticos no absorbibles (rifaximina) versus disacáridos no absorbibles (lactitol y/o lactulosa) con miras a mejorar el grado de EH, se ha reportado que no existe diferencia significativa23,25,27.
Los probióticos son mezclas de bacterias beneficiosas que se cree que pueden ayudar a la EH mediante la modulación del microbioma. Los estudios enfocados en mejorar la microbiota intestinal del cirrótico por medio de los probióticos, ya que estos podrían tener un efecto benéfico, ofrecen una alternativa interesante para modular la flora bacteriana de estos pacientes. No existe evidencia del uso de probióticos en el tratamiento agudo de la EH manifiesta. Los principales estudios sobre el uso de probióticos en EH manifiesta fueron para profilaxis secundaria y demuestran que son efectivos para prevenir EH en pacientes con cirrosis36,37.
Músculo
El músculo esquelético ha sido descrito como el segundo buffer de detoxificación del NH3. Los miocitos proporcionan un sitio para metabolizar NH3 incorporándolo a la glutamina mediante GS, aunque la actividad de esa enzima en el músculo es baja. De esta manera, la depuración de NH3 y la producción de glutamina pueden superar la falta de metabolismo hepático, pero la sobreproducción de NH3 en otros sitios no permite que esta sea la solución a la hiperamonemia.
La desnutrición en el paciente cirrótico y su pérdida de masa muscular perpetúan y empeoran la aparición de la EH. Además, el catabolismo per se genera un exceso de glutamina en la circulación; por tanto, generará mayor producción renal e intestinal de amonio. El manejo nutricional de los pacientes con cirrosis es un punto fundamental para el manejo preventivo de la EH. La recomendación actual es que los pacientes con EH deben mantener la misma dieta que otros pacientes con cirrosis, ya que no hay evidencia de que la restricción de proteínas en la dieta prevenga los episodios de EH38,39. A pesar de tratar de mantener la nutrición, ciertos pacientes con cirrosis presentan sarcopenia y existe evidencia que sugiere que la sarcopenia está asociada con el riesgo de desarrollar EH mínima o manifiesta40,41. Tratar de mejorar el estado nutricional y la masa muscular con una dieta rica en proteínas y un refrigerio alto en proteínas antes de ir a la cama podría ayudar en teoría a la prevención de la EH38,42. Además, el ejercicio y los aminoácidos de cadena ramificada se han estudiado como opciones terapéuticas para tratar la sarcopenia en pacientes con cirrosis, con resultados satisfactorios43. Los aminoácidos de cadena ramificada también se estudiaron en una revisión de Cochrane como una opción terapéutica para la EH y se confirmó que estos aumentaron significativamente el número de pacientes que mejoraron de la EH44.
La masa muscular de los pacientes cirróticos tiene una expresión incrementada de miostatina o factor de crecimiento y diferenciación 8 (GDF-8) perteneciente a la familia de proteínas del factor de crecimiento transformador β (TGF-β). Esta proteína es conocida por sus propiedades inhibitorias de generación y crecimiento de músculo, gracias a su histórica relación con el receptor para activina IIB (RAcIIB), incrementando la transcripción mediada por Smad 2/3 y consiguiendo así su cometido. Se ha demostrado que esto es secundario al acúmulo de NH3intramuscular, resultando en vías de activación que contribuyen a la sarcopenia45.
En este orden de ideas, es fácil pensar que la inhibición del RAcIIB o la minimización de la expresión de GDF-8 pudieran ser nuevas alternativas de tratamiento. En un estudio realizado por MacKenzie et al. se demostró el beneficio en aras de inhibir la expresión de GDF-8 mediante el ejercicio de resistencia y esto correlacionaba con un incremento de la masa muscular46.
En 2012, Duarte-Rojo et al. estudiaron los cambios en el ácido ribonucleico mensajero (ARNm) de la GS de las células mononucleares en sangre periférica por acción del ejercicio en voluntarios sanos. Ellos encontraron que la GS efectivamente se expresaba más en condiciones de ejercicio y se distribuía en el citoplasma de la sangre periférica de células mononucleares. Estos resultados pueden ser alentadores para el tratamiento de la EH debido a sus implicaciones en el metabolismo del NH347.
Riñón
Este órgano también juega un papel fundamental en la homeostasis del amonio. En condiciones normales, las células renales producen iones de NH3 que pueden tomar 2 caminos: ser excretados por la orina o alcanzar la circulación sanguínea mediante la vena renal. Este último mecanismo, en personas sanas, representa la mayor parte de la concentración circulante de NH3, y su excreción hacia la vena renal se puede ver modificada según el estado ácido-base, los niveles de potasio y la función renal. Aunque la glutamina es el principal aminoácido tributario de la producción de NH3, el glutamato, la glicina y la prolina son aminoácidos implicados de igual forma en esta tarea. En los pacientes con cirrosis, se muestra como la vía alterna de mayor acción para poder detoxificar esta sustancia y, bajo condiciones de estrés, puede llegar a depurar hasta el 80% del NH348. Por ende, como ya se había mencionado anteriormente, la dieta y el ejercicio tienen un papel fundamental en este tipo de pacientes.
El glicerol fenilbutirato (GPB) es un medicamento aprobado por la Food and Drug Administrationen el 2013 para el tratamiento de pacientes con trastornos del ciclo de la urea o errores innatos del metabolismo que se manifiestan por hiperamonemia, cuyo efecto podría ser emulado en la población cirrótica49. El GPB se hidroliza mediante lipasas pancreáticas para producir glicerol y 3 moléculas de ácido fenilbutírico; estas últimas sufren una β-oxidación en el hígado para producir ácido fenilacético, que se conjuga con la glutamina en el hígado y el riñón para formar fenilacetil glutamina que posteriormente se excreta en la orina. Este fármaco actúa proporcionando una ruta alternativa para la eliminación del NH3 y la eliminación de nitrógeno residual en forma de fenilacetil glutamina en orina. En consecuencia, este efecto trató de ser emulado en pacientes con cirrosis y EH, demostrando que el GPB era capaz de disminuir los niveles de NH3 en este tipo de pacientes50. Posteriormente, Rockey et al. publicaron un estudio sobre la utilidad del GPB en pacientes con cirrosis que habían cursado con 2 o más eventos de EH en los últimos 6 meses. En este trabajo se demostró que el GPB reducía la proporción de pacientes que experimentaban un nuevo evento de EH, el número total de eventos de EH y los niveles séricos de amonio51. Estos resultados son alentadores y sugieren que el GPB podría ser una potencial opción terapéutica para EH en pacientes con cirrosis.
La acetil-L-carnitina (ALC), un éster de cadena corta derivado de la carnitina, producida endógenamente en la mitocondria y los peroxisomas, está involucrada en el transporte de partículas acetílicas a través de la membrana de estos organelos. La administración de este éster ha mostrado en modelos animales disminuir la toxicidad por NH3 mediante la activación de las enzimas del ciclo de la urea, la interacción con los receptores de glutamato y la reducción de los radicales libres52-54. Existen estudios que han evaluado la utilización de la ALC en pacientes con cirrosis y EH oculta y/o manifiesta, donde se ha observado que la ALC produce mejoría en la calidad de vida, ansiedad, depresión y funciones cognitivas55-58. Estos estudios han demostrado que la administración de ALC reduce los niveles séricos de NH3 y tiene un efecto protector contra la toxicidad del amonio y la neurotoxicidad del glutamato. Por ende, aunque hoy en día se necesitan más estudios para recomendar su utilización, esta intervención podría ser considerada como un blanco terapéutico en un futuro.
Cerebro
La evidencia de neuroagresión incluye la activación de la microglía, al igual que la síntesis in situde citocinas proinflamatorias como el factor de necrosis tumoral (TNF), la interleucina 1β (1L-1β) y la interleucina 6 (IL-6)59. Los mecanismos de señalización en falla hepática incluyen: efectos directos de las moléculas proinflamatorias sistémicas, reclutamiento de monocitos después de la activación microglial, acúmulo de NH3 cerebral, lactato, manganeso, mercaptanos, algunos ácidos grasos y derivados del triptófano como sustancias neurotóxicas, al igual que alteración en la permeabilidad de la barrera hematoencefálica. Como es bien sabido, tanto las moléculas proinflamatorias como el amonio trabajarán de manera conjunta, dando como resultado edema cerebral.
Las estrategias antiamonémicas actuales realmente han demostrado impactar muy poco en la calidad de vida del paciente cirrótico; por este motivo, se están estudiando nuevos blancos terapéuticos. La evidencia apunta a que los mecanismos proinflamatorios tanto centrales como periféricos están trabajando solos o en comunión con moléculas neurotóxicas como el NH359,60. A su vez, la hiponatremia, la sepsis, la hemorragia gastrointestinal y la falla renal precipitan la producción exógena de TNF, lo cual exacerba la presentación de la EH.
Las células de la microglía son las células de defensa del sistema nervioso central (SNC) que tienen una gran habilidad para reconocer una amplia gama de cambios en la homeostasis, desde daño endotelial o tisular hasta cambios en la capacidad energética celular. Una vez que estas se activan, son productoras de una gran cascada de citocinas y quimiocinas con propiedades proinflamatorias e inflamatorias, según sea el caso. Esto fue demostrado en la autopsia de 8 pacientes con cirrosis que habían muerto por falla hepática61. Se demostró que la extensión de la activación microglial y la presencia de elevación de los niveles de ARNm procitocínicos eran predictores tanto de EH como de edema cerebral. El reclutamiento microglial se relaciona con niveles elevados de TNF y la consecuente formación de quimiocina ligando 2 (CCL2), que forma parte de las llamadas quimiocinas62. Estos hallazgos han sugerido que se trata de una nueva vía de comunicación mediada por inmunidad contra la neurona, resultando en excitabilidad alterada y complicaciones neurológicas en pacientes con enfermedades colestásicas. Se ha visto que la inhibición en CCL2 reduce notablemente la progresión a encefalopatía en modelos animales. También se ha podido demostrar que la activación microglial presenta predominio de lóbulo frontal. La GS cerebral es generada principalmente por las células de la microglía y constituye uno de los primeros mecanismos de detoxificación cerebral, por lo que se ha propuesto que el flujo anaplerótico entre el ciclo de glutamato-glutamina y el del ácido cítrico mediante la enzima piruvato carboxilasa tiene capacidades de detoxificación63.
En condiciones hiperamonémicas, al comparar la susceptibilidad a los cambios morfológicos y funcionales de las células astrogliales y microgliales, los astrocitos presentan mayor susceptibilidad64. En este contexto, se ha estudiado también la capacidad del amonio para generar liberación de sustancias proinflamatorias por parte de la microglía: hasta ahora, los resultados no muestran relación directa, y se necesitan más estudios in vivo y ex vivo en regiones cerebrales dirigidas. Estudios realizados en pacientes cirróticos encuentran gran sinergia entre el NH3 y las citocinas proinflamatorias, en especial el TNF59.
Como se ha mencionado antes, el lactato juega también un papel importante en la neuroinflamación. Existe evidencia concreta de que los niveles de este correlacionan con las concentraciones elevadas de NH3 en el cerebro de pacientes con enfermedad hepática terminal. Al mismo tiempo, se relaciona con activación microglial, severidad de los síntomas clínicos y los cambios en el electroencefalograma; ya que el ciclo del ácido cítrico y de la urea tienen conexión, por lo que el acúmulo de lactato tiene la capacidad de inhibir la producción de NH3 por desactivación de la alfa-cetoglutarato deshidrogenasa, lo cual puede activar la fosfo-fructocinasa 1, que es una enzima reguladora de la vía glucolítica, y como consecuencia llevar a más producción de lactato y con ello perpetuar el daño65.
Uno de los hallazgos más llamativos en los encéfalos de pacientes cirróticos post mortem es la gran cantidad de manganeso acumulado en los ganglios basales, acúmulo que sucede gracias a 2 vías: en primer lugar, gracias a la pobre o nula eliminación de este metal por la vía biliar, lo cual genera una concentración sérica elevada; en este orden de ideas, la hipertensión portal y la generación de circulación colateral serían la segunda vía de propagación hacia el encéfalo, favorecida por la disrupción de la barrera hematoencefálica. El manganeso ha sido identificado, junto con el estrés oxidativo/nitrosativo, como el principal agente de muerte selectiva de las células dopaminérgicas cerebrales, lo cual es compatible con la relación encontrada entre cirrosis y parkinsonismo66-68.
La última barrera de neuroprotección en el contexto de un paciente cirrótico es, sin duda, la barrera hematoencefálica. En estudios recientes se ha confirmado que, ante la exposición a un ambiente proinflamatorio (TNF e IL-1β), esta barrera tiende a perder su capacidad de contención, favoreciendo el paso de las toxinas provenientes del resto de la economía, y convirtiéndose así en otra vía deletérea entre el hígado y el cerebro. La razón de esta permeabilidad sigue siendo sujeto de estudio; algunas teorías sugieren que las proteínas de adhesión celular podrían jugar un papel importante en la génesis de este fenómeno69.
Puntos fisiopatológicos sin relación directa con el amonioVasorreactividad cerebral
La hemodinámica cerebral se ha involucrado en la fisiopatogenia de la EH, a través de daño directo sobre el endotelio vascular, lo cual genera endógenamente mayores tasas de TNF e IL-1β, como se demostró en el estudio realizado por Macías-Rodríguez et al., donde por medio de mediciones de velocidad de flujo mediante ultrasonido Doppler transcraneal, la hemodinámica cerebral se encontró alterada en los pacientes con cirrosis70. Esto se correlacionó con la medición de gravedad mediante la escala de MELD y su variable MELD-Na. La conclusión del estudio fue que tanto la estructura vascular como la capacidad de autorregulación del flujo podrían ser parte de la fisiopatología de la EH.
Hiponatremia
Los niveles bajos de sodio son comunes en la población cirrótica, gracias a la activación de la hormona antidiurética. Esto se genera por una disminución en el volumen arterial efectivo relacionado con la vasodilatación esplácnica. Cuando este estado cronifica, lleva a una depleción intracelular de osmolitos orgánicos, como el mioinositol, que juega un papel importante en la hidrorregulación intracelular. Los osmolitos presentes en los astrocitos proporcionan una defensa celular contra el edema y pueden ser rápidamente acumulados o depletados según los sensores osmóticos. Una de las teorías del edema astrocitario es la presencia de hiponatremia crónica como depletor de estos osmolitos. En este orden de ideas, con la permeabilidad presente en la barrera hematoencefálica y la vulnerabilidad al ambiente hiperamonémico e inflamatorio, se produce, por ende, el edema de bajo grado y la presencia de estrés oxidativo/nitrosativo, con disfunción astrocitaria71.
Nuevos blancos terapéuticosAgentes quelantes del manganeso
Con base en la evidencia que sugiere que este metal podría estar implicado en la muerte de las células dopaminérgicas y su acúmulo reportado en el tejido cerebral de los pacientes cirróticos, no es descabellado pensar que los agentes quelantes del manganeso podrían ayudar a disminuir las tasas de parkinsonismo asociado a cirrosis, además de reducir la expresión de los radicales de estrés oxidativo generados por su interacción con la microglía. Acido etilendiaminotetraacético (EDTA) y acido p amino salicílico (PAS) han sido estudiados en este punto, pero se requiere llevar a cabo más estudios72.
Proteínas transportadoras de urea
La urea, como sabemos, es una molécula hidrosoluble, la cual clásicamente ha sido descrita como de difusión pasiva. Actualmente el descubrimiento de la secuenciación de proteínas que facilitan el transporte en ciertos tejidos ha sido revolucionario para entender la importancia fisiológica de la urea. Se han encontrado los genes responsables de la codificación en estas proteínas (SLC14A1 y SLC14A2), genes que forman parte del mismo cromosoma (18q12.q21.1). Lo novedoso de este descubrimiento en el campo de la EH radica en que su posible bloqueo podría detener la producción incrementada de NH3 intestinal (transportador de urea [UT]-B) y la estimulación de UT-A isoformas 1 y 3 reguladas por vasopresina como inductores de la urea en la médula renal73.
Taurina
Uno de los puntos interesantes al analizar la fisiopatología de la EH es la baja concentración de taurina; este aminoácido actúa a nivel cerebral como antioxidante potente, como regulador de la enzima sintetasa de óxido nítrico, además de poseer propiedades antimicrobianas aumentando la habilidad fagocítica de los neutrófilos y la protección del endotelio74.
Folistatina
Es una glucoproteína miembro de la familia de TGF-β que antagoniza a muchos miembros de dicha familia, incluyendo la activina A, el factor de crecimiento y diferenciación 11 (GDF-11) y el GDF-8. La administración de esta molécula ha mostrado incrementar el peso corporal a expensas de masa muscular en ratas; además, ha mostrado mejora en la agresión y atrofia muscular, modulando la respuesta temprana de la fase inflamatoria por incremento de la densidad macrofágica y de las células Pax7+, acelerando el proceso de restauración de las miofibras y de la función muscular75.
Terapia génica
Como mencionamos previamente, las medidas antiamonio utilizadas en el tratamiento de la EH tienen una eficacia limitada; en 2015, Torres-Vega et al. publicaron un ensayo en el que se utilizó el baculovirus Bac-GS como vector para la liberación del gen de GS. La transducción en las células MA 104 o L6 mioblasto/miotúbulos con Bac-GS dio como resultado una alta expresión del gen GS, con incremento en la concentración de GS, lo cual se ha aplicado vía intramuscular en un modelo murino de hiperamonemia aguda, disminuyendo 351μM la concentración de amonio en comparación con los controles, con incremento en la concentración de GS en el músculo gastrocnemio76. Estos resultados abren la puerta hacia opciones promisorias en el manejo de la EH.
Inhibidores de la FKS1
Por la relación de esta enzima como reguladora de la glucólisis, su impacto en la generación de lactato, y con ello el aumento en el riesgo de edema cerebral, podría ser un blanco terapéutico interesante a explorar. En este punto, dietas pobres en fructosa, la inhibición de esta enzima y el aumento de la entrada a vías metabólicas aerobias podrían ser terapias a explorar en la población cirrótica (tabla 1).

Tabla 1.
Opciones terapéuticas en EH
Órgano Mecanismo Tratamiento planteado 
Hígado UT-B gen SLC14A1 Inhibición por antagonismo de receptores o manipulación génica en su expresión 
Músculo Aumento de GDF-8Aumento de la GS FolistatinaEjercicio 
SNC Generación de ureagénesisAntioxidante potenteQuelantes de manganesoGlucólisis infectiva Acetil-L-carnitinaTaurinaEDTA y PASInhibición de la folistatina 1 
Riñón UT-A Aumentar la expresión génica o crear una proteína humanizada in vitro 
Intestino Aumentar el tránsito orocecalDisminuir el amonio arterial ProcinéticosProbióticos 
EH: encefalopatía hepática; GDF-8: factor de crecimiento y diferenciación 8; GS: glutamina sintetasa; SNC: sistema nervioso central; UT: transportador de urea.
Trasplante fecal
Recientemente la flora intestinal (microbioma) ha cobrado especial interés como una opción terapéutica en los pacientes con encefalopatía dada la generación de citocinas inflamatorias generadas en el intestino, aunado a la generación primaria de glutamina y producción secundaria de amonio.
Es bien sabido que el microbioma humano es un complejo de genes que abarca más de 1×1010bacterias las cuales residen en el intestino75. Dicho microbioma ampliamente ha sido caracterizado en 5 phyla llamados FirmicutesBacteroidetesActinobacteriaProteobacteria y Verrucomicrobia. Cuando estos phyla entran en un desbalance se denomina disbiosis y esto ha sido descrito ampliamente en el paciente con cirrosis, siendo lo más característico en los pacientes con encefalopatía un incremento en las bacterias gramnegativas, específicamente enterobacterias, lo que ha llevado a postular el trasplante fecal como una opción de tratamiento en estos pacientes76,77.
Financiación
No se recibió patrocinio de ningún tipo para llevar a cabo este artículo.
Conflicto de intereses
Los autores declaran no tener ningún conflicto de interés para este trabajo.