lunes, 14 de mayo de 2018

Hepatitis inducida por medicamentos

Causas

El hígado ayuda al cuerpo a descomponer ciertos medicamentos. Estos incluyen a algunos medicamentos que se compran sin receta o que su proveedor de atención médica le receta. Sin embargo, el proceso es más lento en algunas personas. Esto puede hacer que usted sea más propenso a presentar daño hepático.
Algunos medicamentos pueden causar hepatitis con pequeñas dosis, aun cuando el sistema de descomposición del hígado esté normal. Las dosis grandes de medicamentos pueden dañar un hígado normal.
Muchos medicamentos diferentes pueden producir daño hépatico.
Los analgésicos y los antipiréticos que contienen paracetamol (acetaminofeno) son una causa frecuente de daño hépatico, sobre todo cuando se consumen en dosis mucho mayores a la dosis recomendada. Las personas que beben alcohol de manera excesiva son más propensas a presentar este problema.
Los antiinflamatorios no esteroides (AINE), como el ibuprofeno, diclofenaco y el naproxeno, también pueden causar hepatitis inducida por medicamentos.
Otros fármacos que pueden llevar a que se presente daño hépatico incluyen:
  • Amiodarona
  • Esteroides anabólicos
  • Píldoras anticonceptivas
  • Clorpromazina
  • Eritromicina
  • Halotano (un tipo de anestesia)
  • Metildopa
  • Isoniazida 
  • Metotrexato
  • Estatinas
  • Sulfamidas
  • Tetraciclinas 
  • Amoxicilina-clavulanato
  • Algunos medicamentos antiepilépticos

Colangitis esclerosante primaria y nefropatía intersticial: ¿una asociación emergente?

Nefrologia (Madr.) 2012;32:410-2 | doi: 10.3265/Nefrologia.pre2012.Jan.11305
Sr. Director:
La colangitis esclerosante primaria (CEP) es una enfermedad hepática colestásica crónica, caracterizada por inflamación y fibrosis de los conductos biliares intra y extrahepáticos, que afecta fundamentalmente a varones de edad media1,2. Puede presentarse de forma aislada o en asociación con enfermedad inflamatoria intestinal. Su mecanismo etiopatogénico es desconocido, aunque evidencias crecientes apuntan a factores genéticos e inmunológicos como los responsables de su etiopatogenia1.
La asociación de nefropatía intersticial en pacientes con enfermedad hepática colestásica crónica se ha descrito en la literatura en los años noventa en población pediátrica y se sugería que esta asociación podría representar un nuevo síndrome3,4.
Recientemente se ha propuesto la existencia de una nueva entidad denominada «enfermedad esclerosante relacionada con la IgG4»5,6.
Publicamos el caso de una mujer con el diagnóstico de CEP que presentó una nefropatía intersticial severa.

CASO CLÍNICO

Mujer de 77 años de edad remitida a la consulta de Nefrología por creatinina plasmática de 2,4 mg/dl. Entre sus antecedentes personales destacaban diversas intervenciones quirúrgicas (menisco en 1985; timoma con anatomía patológica benigna en 1999; pólipos nasosinusales hacía más de 20 años y en 2008; varices en 2006; cistocele en 2008; fractura de cadera en julio de 2010); colangitis esclerosante primaria diagnosticada en el año 2003, en tratamiento con ácido ursodesoxicólico. En varias ocasiones se había realizado cateterismo biliar retrógado con esfinterectomía y dilatación de zonas de estenosis. También se había diagnosticado de enfermedad inflamatoria intestinal por la misma época; en el seguimiento posterior se le practicaron varias colonoscopias que en unas ocasiones eran normales y, en otras, mostraban mínimas ulceraciones a nivel iliocecal y en colon. Pericarditis de etiología no filiada en enero de 2010. Gonartrosis bilateral.Intolerancia al hierro oral. No tenía hábitos tóxicos.
En el primer momento de ser vista en consulta externa se encontraba en tratamiento con zolpidem, 10 mg/día; ácido ursodesoxicólico, 1250 mg/día; pantoprazol, 40 mg/día; mirtazapina, 15 mg/día; dextropropoxífeno, y paracetamol de forma ocasional.
En el interrogatorio refería intenso cansancio, disnea de medianos esfuerzos; disminución del apetito; náuseas ocasionales con la tos; estreñimiento habitual de unas 48 horas que alternaba con diarrea de 3 a 4 deposiciones al día, pero sin presencia de productos patológicos; nicturia de 2 veces desde hacía unos meses; micciones diurnas cada 3-4 horas; no relataba antecedentes de crisis renoureterales ni haber tenido hematuria.
En cuanto a sus antecedentes familiares, padres fallecidos en edad avanzada y tres hermanos fallecidos por tumores.
En la exploración física: talla: 159 cm; peso: 53 kg. Presión arterial: 137/72 mmHg; frecuencia cardíaca: 95 lpm. Sin ingurgitación yugular; carótidas rítmicas y simétricas; auscultación cardiopulmonar normal; en el abdomen destacaba una hepatomegalia de alrededor de 4 traveses de dedo más evidente en lóbulo derecho, no dolorosa y sin soplos abdominales. Extremidades: sin edemas y pulsos distales presentes.
Revisada la historia analítica, se observó que en noviembre de 2010 la creatinina plasmática osciló entre 2,4-2,5 mg/dl; en diciembre de 2010 la creatinina plasmática fue de 2,9 mg/dl y en enero de 2011, de 2,7 mg/dl.
En las pruebas complementarias en enero y febrero de 2011, cabe destacar: colesterol: 204 mg/dl; GOT (glutamato-oxalacetato-transaminasa): 37 U/l; GPT (glutamato-piruvato-transaminasa): 23 U/l; GGT (gammaglutamil transferasa): 431 U/l; fosfatasa alcalina: 483 U/l; LDH (lactatodeshidrogenasa): 646 U/l; ferritina: 399 ng/ml; índice de saturación de transferrina, 11%. El resto de la bioquímica ordinaria fue normal. En el hemograma: hematocrito: 35,1%; hemoglobina: 11,3 g/dl; resto normal. El estudio de coagulación: tiempo de tromboplastina parcial activado: 45 segundos. Anticardiolipina IgM positiva: 21,80 U MPL/ml (normal: 0,5-11).
En el análisis de orina recogida de 24 horas: proteinuria: 0,53 g/24 horas; aclaramiento de creatinina: 17 ml/min. El sistemático de orina fue negativo.
El estudio inmunológico mostró positividad de anticuerpos anticitoplasma de neutrófilos (ANCA) (anti-MPO y Anti-PR3 negativos); los anticuerpos antinucleares (ANA), anti-DNA, anticuerpos antimúsculo liso, anticuerpos antimitocondriales fueron negativos. Se detectó una disminución de inmunoglobulinas: IgG: 253 mg/dl (normal: 751-1560); IgM: 10 mg/dl (normal: 46-304); IgA 81 mg/dl (normal: 82-453). El complemento, factor reumatoide, proteína C reactiva y ceruloplasmina se encontraban en rango normal.
La serología de virus de hepatitis B y C, así como la de virus de inmunodeficiencia humana, fue negativa.
Las hormonas tiroideas y anticuerpos antitiroideos fueron normales. La paratohormona intacta fue de 149 pg/ml.
La electroforesis en sangre mostró una disminución de inmunoglobulinas, y en orina, proteinuria no selectiva. La proteinuria de Bence-Jones resultó negativa.
En las pruebas de imagen (ecografía renal): riñones de tamaño, morfología y ecogenicidad normales, sin litiasis ni dilatación.
Ante la presencia de un deterioro de función renal de causa no clara (se desconocían valores de referencia previa), se realizó biopsia renal percutánea con los siguientes hallazgos: 4 glomérulos, 2 de ellos completamente esclerosados y los otros 2 en vías de esclerosis. El estudio de inmunofluorescencia fue negativo para IgG, IgA, IgM y C3. En el intersticio se observaba un denso infiltrado linfocitario que expandía y ocupaba todo el tejido, destruyendo la arquitectura habitual del parénquima renal (figura 1 A y B). No se valoraba bien la existencia de fibrosis debido al infiltrado existente. En la figura 2 A se muestra la inmunohistoquímica con CD3 (anticuerpo monoclonal que marca linfocitos T en general) y demuestra que la mayoría del infiltrado es a expensas de linfocitos T, y en la figura 2 B, la inmunohistoquímica con CD4. El diagnóstico anatomopatológico final fue de nefropatía tubulointersticial severa (infiltrado intersticial de predominio linfocitario T CD4 positivos).
Con los hallazgos de la biopsia se indicó tratamiento con prednisona, 50 mg/día, en pauta descendente.
Ocho meses después, la paciente mantiene una función renal estabilizada (creatinina plasmática de 2,2 mg/dl, aclaramiento de 20 ml/min y proteinuria de 0,49 g/24 h). Respecto a la función hepática: GOT: 24 U/l; GPT: 18 U/l; GGT: 172 U/l; fosfatasa alcalina: 342 U/l.

DISCUSIÓN

La CEP es una enfermedad de etiología desconocida, con un curso clínico progresivo, que afecta a los conductos biliares y produce una cirrosis hepática1. En pacientes con CEP se han descrito la presencia de diversos hallazgos serológicos, entre los que se incluyen hipergammaglobulinemia, positividad de ANCA atípicos y otros autoanticuerpos como anticuerpos antinucleares, antimúsculo liso, antitiroideos, anticardiolipina y factor reumatoide7. La elevación de IgG4 (marcador característico de pancreatitis autoinmune) también se ha descrito en una pequeña proporción de pacientes con CEP8. De hecho, la colangitis esclerosante relacionada con IgG4+ también se incluye en el grupo de colangitis esclerosante idiopática5.
Recientemente, se ha considerado una nueva entidad clínico-patológica denominada «enfermedad esclerosante relacionada con IgG4»5-7: esta entidad es una enfermedad sistémica caracterizada por una infiltración de células plasmáticas de IgG4+ y de linfocitos T en varios órganos: en páncreas, conductos biliares, glándulas salivares, retroperitoneo, riñón, pulmón y próstata. Los hallazgos histopatológicos en los órganos afectados muestran fibrosis, esclerosis, destrucción de la arquitectura glandular e infiltración linfoplasmocitaria.
Por otra parte, la nefropatía tubulointersticial se ha relacionado con fármacos, infecciones y procesos autoinmunes. En la literatura se han comunicado casos de nefropatía intersticial asociada a colangitis esclerosante y se especuló con la posibilidad de un nuevo síndrome.
Nosotros describimos un nuevo caso de nefritis intersticial en una mujer con una CEP. En nuestro caso, se valoró si esta asociación podría estar en el contexto de una enfermedad esclerosante relacionada con la IgG4+ que no pudimos demostrar: primero, porque los niveles plasmáticos de IgG+ fueron de 1 mg/dl (si bien la paciente presentaba una disminución generalizada de todas las inmunoglobulinas) y, segundo, porque en el estudio histológico renal no se pudo determinar la positividad de IgG4. Sin embargo, los niveles de IgG4+, por sí mismos no son suficientes para poder incluir o excluir el diagnóstico de enfermedad sistémica relacionada con la IgG4+9. De hecho, nosotros encontramos un denso infiltrado intersticial de predominio linfocitario T CD4+, que destruía prácticamente toda las estructuras renales. 
No existe un régimen de tratamiento estandarizado para esta nueva entidad, si bien la mayoría de las series indican tratamiento con 30-60 mg/día de prednisolona en pauta descendente, con buena respuesta5-7. En nuestro caso, dada la afectación intersticial tan severa se indicó tratamiento con esteroides orales: aunque no se logró una recuperación completa de la función renal (posiblemente porque ya existía deterioro de función renal varios meses antes de efectuar la biopsia y la afectación histológica severa), al menos se logró una estabilización de la función renal.
En conclusión, describimos el caso de una nefritis intersticial severa en una mujer con una colangitis esclerosante primaria: en estos pacientes se debería investigar si esta asociación podría encontrarse en el contexto de una patología emergente, «enfermedad sistémica relacionada con la IgG4+». 

Conflictos de interés

Los autores declaran que no tienen conflictos de interés potenciales relacionados con los contenidos de este artículo.  



(a) hematoxilina eosina (he) (x10): denso infiltrado linfocitario intersticial que destruye la mayoría de las estructuras reconocibles. (b) he (x20): denso infiltrado linfocitario intersticial que destruye la mayoría de las estructuras reconocibles.
Figura 1. (A) Hematoxilina Eosina (HE) (x10): denso infiltrado linfocitario intersticial que destruye la mayoría de las estructuras reconocibles. (B) HE (x20): denso infiltrado linfocitario intersticial que destruye la mayoría de las estructuras reconocibles.



(a) inmunohistoquímica (ihq) (x20) con cd3. (b) ihq (x20) con cd4.
Figura 2. (A) Inmunohistoquímica (IHQ) (x20) con CD3. (B) IHQ (x20) con CD4.

Nefritis tubulointersticial y colangitis esclerosante asociadas a pancreatitis autoinmune

Nefrologia (Madr.) 2012;32:854-6 | doi: 10.3265/Nefrologia.pre2012.Aug.11185
Sr. Director:
La pancreatitis autoinmune (PA) es una forma de pancreatitis crónica causada por un proceso inflamatorio autoinmune con infiltración linfocítica y fibrosis que conducen a disfunción del órgano1, relacionada con altos niveles de IgG4 y anticuerpos contra la anhidrasa carbónica tipo II2,3. Frecuentemente presenta manifestaciones extrapancreáticas, como la colangitis esclerosante y la nefritis tubulointersticial4.
La colangitis esclerosante asociada a PA tiene hallazgos imagenológicos y presentación clínica similar a la colangitis esclerosante primaria (CEP), pero presenta una dramática respuesta a esteroides5.
Describimos el caso de un paciente con episodios de colangitis y pancreatitis repetidas manejado como CEP sin respuesta, que desarrolló una nefritis tubulointersticial con hallazgos en biopsia renal sugestivos de proceso autoinmune, presentando resolución de las manifestaciones gastrointestinales y renales con esteroides.

CASO CLÍNICO

Varón de 37 años que consultó en marzo de 2006 por ictericia, fiebre y dolor abdominal; se pensó en episodio de colangitis, la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica y p-ANCA tomados por sospecha de CEP fueron negativos, lo que hizo pensar en microlitiasis.
En mayo de 2006 se realizó esfinterotomía endoscópica. Ocho días después muestra nuevo episodio de colangitis. Se planteó posible colecistopatía acalculosa como explicación de colangitis recurrente; la gammagrafía con colecistoquinina fue compatible con el diagnóstico y se efectuó colecistectomía laparoscópica, pero a los 15 días presentó otro episodio de colangits.
Se retomó la sospecha diagnóstica de CEP, se hizo biopsia hepática que mostró colangitis aguda con mínimos focos de fibrosis. A principios de 2007 se realizó colangiorresonancia que demostró constricciones compatibles con CEP, sin posibilidad de intervención.
Recibió manejo como CEP, con ácido ursodeoxicólico y dosis bajas de antibióticos (ciprofloxacina), pero continuó presentando episodios de colangitis.
En octubre de 2007 consulta por fiebre y dolor abdominal; se inicia manejo con ciprofloxacina y se solicita tomografía de abdomen contrastada, previa creatinina, que informa 8,7 mg/dl. En mayo de 2007 la creatinina era de 1,2 mg/dl.
Se evalúa por Nefrología, se encuentra paciente con leve palidez como único hallazgo.
Exámenes: creatinina 7,6 mg/dl, nitrógeno ureico en sangre (BUN) 46, sodio y potasio normales, pH: 7,32, bicarbonato 16, Hb: 9,7 g/dl, uroanálisis con glucosuria (50 mg/dl) sin hiperglucemia.
La ecografía renal mostró riñones de tamaño normal, aumento en ecogenicidad bilateral.
Se diagnosticó insuficiencia renal aguda secundaria a nefritis tubulointersticial por consumo de quinolonas.
Al día siguiente, con el retiro del antibiótico e hidratación, la creatinina bajó a 5,5 md/dl y el BUN a 36 mg/dl. El complemento sérico fue normal, los anticuerpos antinucleares (ANA), la prueba serológica para la sífilis (VDRL) y para el virus de la inmunodeficiencia humana fueron negativos; proteinuria en 24 horas de 580 mg. Se le dio el alta con creatinina de 2,2 mg/dl.
Veinte días después regresa por fiebre, diarrea y edemas. Al ingreso presenta creatinina 15 mg/dl, potasio 5,8 mEq/L; citoquímico de orina: leucocituria, proteinuria (25 mg/dl), glucosuria (50 mg/dl), hematuria (eritrocitos 6 x ap). Examen físico sin hallazgos patológicos. Se consideró agudización de fallo renal previo; por la sospecha de nefritis tubulointersticial se inició manejo con prednisona y se realizó biopsia renal.
La biopsia renal reportó: nefritis tubulointersticial aguda, inmunofluorescencia: IgG: ++ (intersticio), IgA e IgM: +++ (intersticio), cadenas k y lambda: ausentes, C3: +++ periférico, M y cápsula de Bowman, ausencia de C1q. Interpretada como cambios histológicos compatibles con nefritis tubulointersticial aguda por hipersensibilidad medicamentosa vs. autoinmune.
Se continuó manejo con esteroides y, al egreso, creatinina 3,6 mg/dl.
Desde el inicio de los esteroides no ha presentado episodios de colangitis ni pancreatitis, por lo que se sospechó PA con colangitis esclerosante y nefritis tubulointersticial como complicaciones extrapancreáticas.
No se determinaron niveles de IgG4 porque ya recibía tratamiento esteroideo.
Primer control ambulatorio: creatinina 1,6 mg/dl. Venía en desmonte de esteroides y se dejó dosis de prednisona de 5 mg interdiarios indefinidamente. Controles posteriores con creatinina entre 1,7 y 1,4 mg/dl.
El último control se realiza en diciembre de 2010 con creatinina de 1,43 mg/dl, sin nuevos episodios de colangitis o pancreatitis.

DISCUSIÓN

En 1961 Sarles realiza la primera descripción de una pancreatitis crónica con manifestaciones autoinmunes; posteriormente, en 1995 esta forma de pancreatitis sería denominada por Yoshida «pancreatitis autoinmune»6.
Aunque recientemente ha aumentado el número de reportes, y algunas series muestran prevalencia del 5 % entre pacientes con pancreatitis crónica, la incidencia permanece desconocida7.
Frecuentemente se asocia con artritis reumatoidea, Sjögren y enfermedad inflamatoria intestinal; es habitual encontrar hipergammaglobulinemia, niveles elevados de IgG4, autoanticuerpos contra la anhidrasa carbónica tipo II y contra la lactoferrina, lo que sugiere una base autoinmune, pero se desconoce su patogénesis1-3.
Dentro de las manifestaciones autoinmunes extrapancreáticas se encuentran sialadenitis esclerosante, fibrosis retroperitoneal, neumonitis intersticial, colangitis esclerosante y nefritis tubulointersticial4,8.
Respecto a la colangitis esclerosante asociada a este tipo de pancreatitis, se resalta que comparte hallazgos imagenológicos, colangiográficos y clínicos con la CEP; algunos autores han señalado que la presentación a edades mayores de 60 años, niveles elevados de IgG4 y una dramática respuesta a esteroides favorecen el diagnóstico de colangitis esclerosante asociada a PA sobre una CEP5.
Han sido propuestos varios criterios diagnósticos para PA; entre ellos, los criterios revisados de Japón, que hacen énfasis en hallazgos imagenológicos; los criterios de la Clínica Mayo (HISORT), que involucran histología, imagenología, serología, compromiso de otros órganos y repuesta a esteroides, y los criterios italianos, que dan mayor importancia a la histología; sin embargo, no existe un consenso internacional sobre los criterios diagnósticos a utilizar9.
Hasta la actualidad se han reportado pocos casos de nefritis tubulointersticial asociados a PA; generalmente se trata de varones mayores de 50 años, con infiltrados de células mononucleares positivos para IgG4 en el intersticio renal con evidencia de respuesta clínica y serológica (disminución de niveles de IgG4) a esteroides8,10.
Pese a no contar con niveles de IgG4 en nuestro paciente, hay elementos sugestivos de una colangitis esclerosante y nefritis tubulointersticial asociadas a PA: episodios frecuentes de colangitis con hallazgos en colangiorresonancia que inicialmente hicieron suponer CEP, pero con pobre respuesta a tratamiento habitual y ausencia de autoanticuerpos (p-ANCA, ANA) presentes en más del 85 % de los pacientes con dicha patología; y episodios repetidos de pancreatitis con evidencia de crecimiento difuso del páncreas, con resolución con tratamiento esteroideo.
Los hallazgos en la biopsia renal, específicamente en la inmunofluorescencia, favorecen un mecanismo autoinmune en la génesis de la nefritis tubulointersticial presentada por el paciente.

Conflictos de interés 

Los autores declaran que no tienen conflictos de interés potenciales relacionados con los contenidos de este artículo.

Colangitis esclerosante primaria

Colangitis esclerosante primaria
Es una enfermedad hepática heterogénea, idiopática, que se caracteriza por inflamación y fibrosis biliar persistentes y progresivas y que no tiene ningún tratamiento farmacológico eficaz.
Autor: Lazaridis KN, LaRusso NF N Engl J Med 2016; 375:1161-70.
Introducción
La colangitis esclerosante primaria es una enfermedad hepática colestásica heterogénea, idiopática, caracterizada por inflamación y fibrosis biliar persistentes y progresivas. No existe tratamiento farmacológico eficaz para esta enfermedad.1 Los pacientes afectados a la larga pueden sufrir hepatopatía terminal y necesitar un trasplante hepático.2
Su causa y su patogenia no se conocen bien, aunque en general se acepta que factores de riesgo genéticos y ambientales contribuyen a su aparición, así como a su progresión y resultados.3 La colangitis esclerosante primaria está muy asociada con la enfermedad intestinal inflamatoria (el 70 - 80% de los pacientes sufren ambas) y es un factor de riesgo para el cáncer de colon, de los conductos biliares y de la vesícula.4

► CARACTERÍSTICAS DEMOGRÁFICAS Y EPIDEMIOLÓGICAS DE LOS PACIENTES
Aproximadamente el 60% de los pacientes con colangitis esclerosante primaria son varones y la mediana de edad al diagnóstico es de 41 años.5 La incidencia es de 0 - 1,3 casos por 100000 personas por año y la prevalencia es de 0 – 16,2 casos por 100000 personas.6 Estudios europeos sugieren que tanto la incidencia como la prevalencia están en aumento.5,6 No se sabe si esto refleja verdaderos aumentos de la enfermedad o es por su mejor detección debida a una mayor conciencia o a las nuevas técnicas diagnósticas, como la colangiopancreatografía retrógrada endoscópica (CPRE) y la colangiopancreatografía por resonancia magnética(CPRM).
► MANIFESTACIONES CLÍNICAS
La colangitis esclerosante primaria es insidiosa; alrededor de la mitad de los pacientes son asintomáticos, pero se los diagnostica cuando las pruebas de función hepática son patológicas.8,9 Los signos más frecuentes son hepatomegalia (44% de los pacientes) y esplenomegalia (39%).9 En el paciente sintomático predominan el dolor abdominal (20% de los pacientes), prurito (10%), ictericia (6%) y fatiga (6%).8
Los criterios diagnósticos son aumento de la fosfatasa alcalina en sangre que persiste durante más de 6 meses, estenosis de los conductos biliares en los estudios colangiográficos, detectada por CPRM o CPRE y exclusión de las causas de colangitis esclerosante secundaria ().1,10
La biopsia hepática no es necesaria para el diagnóstico a menos que se sospeche colangitis esclerosante primaria de los pequeños conductos o superposición con hepatitis autoinmune. 1
Hay varios subtipos de colangitis esclerosante primaria: clásica, de los pequeños conductos o asociada con hepatits autoinmune. El subtipo clásico, que compromete todo el árbol biliar, se encuentra en aproximadamente el 90% de los pacientes con colangitis esclerosante primaria. En aproximadamente el 5% de los pacientes se afectan sólo los pequeños conductos intrahepáticos.13 Además, en el 35% de los niños la colangitis esclerosante primaria se superpone con la hepatitis autoinmune,14 pero esta asociación se observa sólo en el 5% de los adultos.15
Las manifestaciones clínicas y la progresión de la colangitis esclerosante primaria pueden diferir según el subtipo. Por ejemplo, los pacientes con enfermedad de los pequeños conductos generalmente tienen mejor evolución que aquellos con la enfermedad clásica.16,17
Además, el subtipo de pacientes con colangitis esclerosante primaria sin enfermedad intestinal inflamatoria puede ser diferente del de los pacientes con colangitis esclerosante primaria y enfermedad intestinal inflamatoria simultánea18 No obstante, la enfermedad intestinal inflamatoria puede aparecer años después del diagnóstico de colangitis esclerosante primaria.
Aproximadamente el 10% de los pacientes con colangitis esclerosante primaria tiene aumento de los valores plasmáticos de IgG4y su evolución es peor que la de aquellos con IgG4 normal19 Esos pacientes no se deben confundir con los que sufren colangitis asociada con IgG4, que es un trastorno sistémico caracterizado por valores altos de IgG4 plasmática, infiltración linfoplasmocítica IgG4-positiva de los órganos afectados (como el páncreas y los conductos biliares), inicio abrupto de ictericia, estenosis biliares que suelen responder al tratamiento con glucocorticoides y ausencia de enfermedad intestinal inflamatoria.20
No hay biomarcadores fiables para predecir el ritmo de progresión de ninguna forma de colangitis esclerosante primaria. Uno o dos años después del diagnóstico, valores de fosfatasa alcalina menores de 1,5 veces el límite superior de lo normal se asociaron con mejor evolución que valores iguales o mayores de 1,5 veces el límite superior de lo normal. 21-23 Sin embargo aún no se sabe con seguridad si los valores de fosfatasa alcalina son útiles para pronosticar los resultados a largo plazo en pacientes con colangitis esclerosante primaria.24
El riesgo de cáncer de colon entre pacientes con colangitis esclerosante primaria y enfermedad intestinal inflamatoria es 10 veces mayor que el riesgo en la población general
En general, la enfermedad progresa lentamente, con evolución variable. La colangitis bacteriana, que es el síntoma inicial en aproximadamente el 6% de los pacientes con colangitis esclerosante primaria,8 puede ser recurrente y resistente al tratamiento y ocasionalmente es necesario el trasplante hepático.25
En un estudio con una cohorte de 273 pacientes, con una mediana de seguimiento de 76 meses, se formó una estenosis dominante (estrechez de un conducto extrahepático a <1,5 mm)10 en aproximadamente el 40% de los pacientes y puede haber estado asociada con cáncer en el 15 - 20% de ellos.9 Por eso, ante una estenosis, se deben solicitar otros estudios. Diferenciar entre estenosis dominantes benignas y malignas es difícil, a pesar de las técnicas de hibridación por fluorescencia in situ para evaluar las células obtenidas a través del cepillado biliar para análisis citológico.26
Varias enfermedades concomitantes se asocian con la colangitis esclerosante primaria.10 Debido a que la enfermedad intestinal inflamatoria (con más frecuencia la colitis ulcerosa que la enfermedad de Crohn) se produce en la mayoría de los pacientes con colangitis esclerosante primaria, la colonoscopia se justifica en todos los pacientes con diagnóstico reciente de colangitis.
El riesgo de cáncer de colon entre pacientes con colangitis esclerosante primaria y enfermedad intestinal inflamatoria es cuatro veces mayor que el riesgo entre pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria sola y 10 veces mayor que el riesgo en la población general.28
Las enfermedades vesiculares son comunes en pacientes con colangitis esclerosante primaria. 29,30 Aproximadamente el 60% de los tumores vesiculares son adenocarcinomas, 29,30 y un estudio reveló que las vesículas biliares extirpadas antes o durante el trasplante hepático en pacientes con colangitis esclerosante primaria tenían displasia en el 37% de los casos y adenocarcinoma en el 14%.31
En los países desarrollados la colangitis esclerosante primaria es el factor de riesgo más frecuente para el colangiocarcinoma.32 El riesgo de colangiocarcinoma entre pacientes con colangitis esclerosante primaria es 400 veces mayor que el riesgo en la población general.17 Entre pacientes con colangitis esclerosante primaria, el riesgo anual de colangiocarcinoma es del 2% y la incidencia acumulada a 30 años es del 20%.17,33
Los cambios abruptos en el cuadro clínico, como la aparición de ictericia, fiebre o adelgazamiento o las anomalías bioquímicas, como un nuevo aumento de la fosfatasa alcalina, la bilirrubina o ambas, deben ser motivo de una nueva evaluación. Son útiles la ecografía o la resonancia magnética del hígado, seguida por la CPRE.
Los pacientes con colangitis esclerosante primaria pueden sufrir otras enfermedades simultáneas. En un estudio con 237 pacientes, aproximadamente el 15% sufrían osteoporosis.34 Además, la edad >54 años, el índice de masa corporal de 24 o menos y la larga duración de la enfermedad intestinal inflamatoria (≥19 años) se relacionaron con osteoporosis.34

► PATOGENIA
El consumo alimentario y los métodos de preparación de las comidas podrían contribuir a la aparición de la enfermedad, quizás a través de la microflora intestinal
Factores tanto hereditarios como ambientales participan en la causa y la patogenia de la colangitis esclerosante primaria 1,10. Una hipótesis de trabajo actual propone que tras una exposición ambiental no identificada, varias vías predispuestas genéticamente contribuyen a la lesión persistente de los colangiocitos. Esta lesión produce inflamación y fibrosis biliar.
La evidencia inicial de la susceptibilidad genética proviene de estudios que muestran que el riesgo relativo de colangitis esclerosante primaria entre hermanos de pacientes con la enfermedad es de 9 - 39 veces mayor que el riesgo en la población general.35 Estudios pangenómicos validados mostraron 16 locusde riesgo asociados con la colangitis esclerosante primaria.36-38 El locus HLA en el cromosoma 6p21 parece contener regiones asociadas con aumento de la susceptibilidad a esta enfermedad.36 La determinación de variantes genéticas causales puede contribuir a identificar supuestos antígenos, que a su vez podrían conducir a nuevos blancos terapéuticos.
Asimismo, genes de la vía interleucina-2 también se asociaron con susceptibilidad a la colangitis esclerosante primaria. 37,38 Estos datos y algunos estudios funcionales sugieren que la inmunidad adaptativa y las células T reguladoras pueden ser importantes en la patogenia de la enfermedad.40,41
Hasta ahora, los desencadenantes ambientales de la colangitis esclerosante primaria son solo asociativos. El tabaquismo parece ser protector,43 y los pacientes con la enfermedad consumen menos café que los controles.43,44También indicaron mayor frecuencia de exposición a animales de granja, pero no a animales domésticos durante la infancia que los controles.43 En un estudio, menos pacientes mujeres señalaron el empleo de anticonceptivos hormonales que los controles.43
Por último, los pacientes con colangitis esclerosante primaria, independientemente de su sexo o de la enfermedad intestinal inflamatoria asociada, consumían menos pescado, pero más carne vacuna bien cocida. 45 Estos datos podrían indicar que el consumo alimentario y los métodos de preparación de las comidas podrían contribuir a la aparición de la enfermedad, quizás a través de la microflora intestinal.
La fuerte asociación de la colangitis esclerosante primaria con la enfermedad intestinal inflamatoria llevó a la “hipótesis de la microbiota”46, 47. Esta hipótesis propone que las moléculas microbianas surgidas del intestino y que reflejan la disbiosis microbiana llegan al hígado a través de la circulación portal e inician una respuesta colangiocítica aberrante, como la inducción de la senescencia colangiocítica .
En los seres humanos, variantes genéticas de la fucosil transferasa 2, una molécula expresada en el intestino y los colangiocitos, participan en la síntesis del oligosacárido del antígeno Hm que sirve como porción de unión para algunas bacterias intestinales. Estas variantes se vinculan con diferencias en la composición microbiana de la bilis — específicamente, disminuciones de la Proteobacteria y aumentos de los Firmicutes.48,49
Otra teoría sobre la patogenia de la colangitis esclerosante primaria es la hipótesis de la “gut lymphocyte homing” conducción de los linfocitos intestinales, que plantea que las células T activadas del intestino se dirigen al hígado e inician el daño mediado por la inmunidad.50 Esta hipótesis supone que las células T intestinales están estimuladas dentro del tejido linfoideo asociado con el intestino, expresan los receptores de la superficie celular integrina α4β7 y CCR9 y después son reclutadas para el tejido hepático como resultado de la expresión anormal en el hígado de sus ligandos asociados, como la molécula de adhesión celular de adresina mucosal 1 (MAdCAM-1) y la proteína quimiotáctica CCL25, que están limitadas al intestino.51,52 La expresión de estos ligandos en las células endoteliales periportales y el subsiguiente homing de las células T α4β7-positivas y CCR9-positivas al parénquima hepático se informó en pacientes con colangitis esclerosante primaria.53
En la actualidad se piensa que además de los mecanismos extrínsecos a través de los que las células son blancos para las lesiones, los colangiocitos mismos pueden participar activamente en la causa y la patogenia de la colangitis esclerosante primaria.54 Por ejemplo, en respuesta al reconocimiento de patrones moleculares asociados con patógenos y otros estímulos, los colangiocitos expresan varias citocinas proinflamatorias, como el factor de necrosis tumoral α, la interleucina- 6, la interleucina-8 y otras moléculas bioactivas. 55
La síntesis de los colangiocitos y la secreción de estos mediadores de señales componen parte de la respuesta inmune innata y de reparación de los conductos biliares y median el reclutamiento y la estimulación de las células T, los macrófagos, los neutrófilos, los linfocitos citolíticos naturales y otras células reclutadas.54 La desregulación de estos “colangiocitos activados,” especialmente en personas genéticamente susceptibles, puede predisponer a la aparición y progresión de la colangitis esclerosante primaria.
Datos recientes muestran que en pacientes con colangitis esclerosante primaria, los colangiocitos experimentan el proceso de senescencia celular. El fenotipo de la senescencia celular se vincula con la detención del ciclo celular y con la secreción de diversas moléculas, entre ellas las citocinas. Este proceso se llama fenotipo secretorio asociado con la senescencia. 56,57 Las células con el fenotipo pueden modificar su microambiente (por ejemplo, la matriz extracelular), reforzar el fenotipo senescente, inducir reacciones celulares proinflamatorias y acelerar la transformación neoplásica.56,58-60 Se está investigando la relación entre la senescencia colangiocítica y la patogenia y la progresión de la colangitis esclerosante primaria, a fin de crear nuevas intervenciones terapéuticas llamadas “senolíticos.”

► TRATAMIENTO
Tratar a los pacientes con colangitis esclerosante primaria es difícil y complicado, ya que se debe tratar la enfermedad hepática primaria y las enfermedades que coexisten con ésta. Lo mejor es el tratamiento de estos pacientes en centros especializados que ofrezcan un enfoque integrado, multidisciplinario, con un equipo que incluya hepatólogo, gastroenterólogos, endoscopistas, radiólogos y cirujanos para el trasplante hepático. Aún no existe tratamiento farmacológico eficaz para esta enfermedad. La colangitis esclerosante primaria es poco frecuente, heterogénea y carece de biomarcadores. Por consiguiente no se puede estratificar apropiadamente a los pacientes y faltan criterios de valoración bien definidos para estudios con suficiente potencia.
El ácido ursodesoxicólico ha sido muy estudiado como tratamiento para la colangitis esclerosante primaria.62 En un estudio aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, en los pacientes que recibieron el ácido ursodesoxicólico disminuyeron los valores plasmáticos de las enzimas hepáticas, pero no tuvieron mayor supervivencia que los pacientes que recibieron placebo.63
En un estudio aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo, el riesgo del criterio principal de valoración (muerte, trasplante hepático, cirrosis, várices esofágicas o gástricas y colangiocarcinoma) fue 2,3 veces mayor entre los pacientes que habían recibido dosis altas de ácido ursodesoxicólico (25 mg/kg) que entre aquéllos que habían recibido placebo (P < 0,01).64
Por eso, las recomendaciones terapéuticas para la colangitis esclerosante primaria son contradictorias: la American Association for the Study of Liver Diseases y el American College of Gastroenterology no apoyan el empleo del ácido ursodesoxicólico,10,65 mientras que la European Association for the Study of the Liver respalda su empleo en dosis moderadas (13 -15 mg/kg).62 Dado lo contradictorio de las recomendaciones, sería razonable, según los autores, recetar el ácido ursodesoxicólico (13 - 15 mg/kg) durante 6 meses y controlar las enzimas hepáticas. Si la fosfatasa alcalina no desciende durante ese tiempo sugieren suspender la medicación y observar al paciente o incorporarlo a un estudio clínico.
Se están evaluando varios tratamientos nuevos en estudios clínicos, como el ácido obeticólico, que tiene efecto antifibrótico.66 y el simtuzumab, un anticuerpo monoclonal contra la lisil oxidasa–tipo 2 (Loxl2), una enzima que funciona como una proteína profibrótica en la colangitis esclerosante primaria.67 También está en estudio el ácido 24-nor-ursodesoxicólico, un ácido biliar sintético que puede tener efectos favorables en los pacientes con fibrosis hepática.
Se puede lograr reducir la exposición de los colangiocitos a ácidos biliares supuestamente tóxicos al inhibir el transportador apical de ácidos biliares dependiente del sodio en el íleon. En un modelo en animales esta inhibición tuvo buenos resultados.69 Un estudio clínico de un inhibidor del transportador apical de ácidos biliares dependiente del sodio, LUM001, está en marcha.
Otro estudio está evaluando el BTT1023, un anticuerpo monoclonal humano dirigido hacia la proteína 1 de adhesión vascular. Otro enfoque examina el concepto de que los antibióticos orales, como la vancomicina, podrían alterar la microbiota intestinal y disminuir las respuestas inmunes innatas que podrían ser esenciales en la aparición de la inflamación y fibrosis. Un estudio pequeño de vancomicina mostró el descenso de los valores de fosfatasa alcalina a 12 semanas, 70 y un estudio en marcha está evaluando su utilidad en niños con colangitis esclerosante primaria.
En pacientes con colangitis esclerosante primaria y enfermedad intestinal inflamatoria, ésta última se debe tratar según las recomendaciones.10 Incluso si estos pacientes han recibido un trasplante hepático, se les debe efectuar una colonoscopia anual con biopsia, debido al aumento del riesgo de cáncer de colon. En los pacientes que no tienen evidencia de enfermedad intestinal inflamatoria se debe efectuar una colonoscopia cada 5 años, dado su riesgo de lesiones colónicas. También se recomienda la evaluación ecográfica de la vesícula biliar para evaluar si hay pólipos u otras masas tumorales.10 En caso de hallarlas será necesaria la colecistectomía debido al riesgo de cáncer en estos pacientes.
Se comunicó una tasa de supervivencia sin recurrencias del 65% a 5 años entre pacientes con colangitis esclerosante primaria y colangiocarcinoma perihiliar que fueron sometidos a trasplante hepático tras quimioterapia neoadyuvante y radioterapia.71 Debido a que la colangitis esclerosante primaria es progresiva, aproximadamente el 40% de los pacientes con esta enfermedad a la larga necesitarán trasplante hepático. Tras el trasplante la supervivencia a 1 año en estos pacientes es de aproximadamente el 85% y la supervivencia a 5 años es de aproximadamente el 72%. Sin embargo, la enfermedad puede recidivar en el 25% de los pacientes tras el trasplante.72 La recidiva de la colangitis esclerosante primaria se diagnostica sobre la base de la evidencia colangiográfica de la enfermedad en ausencia de rechazo crónico o problemas vasculares (como
isquemia) en el hígado trasplantado. Un estudio mostró que la colectomía antes del trasplante hepático en pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria puede disminuir la frecuencia de recidivas tras el trasplante. 73

► NECESIDADES NO CUBIERTAS Y ESTRATEGIAS A FUTURO
La colangitis esclerosante primaria sigue siendo una enfermedad poco conocida y sin tratamiento farmacológico. Enfoques basados sobre la genómica, la epigenómica y la proteómica en grandes cohortes de pacientes con el fenotipo bien determinado, así como experimentos motivados por determinadas hipótesis en modelos animales y organoides son necesarios para precisar mejor la patogenia de la enfermedad e identificar nuevos tratamientos.

Caracterización morfológica e inmunohistoquímica de los carcinomas hepatocelulares en Argentina. Relevancia de la expresión de citoqueratinas y otras proteínas relacionadas a la hepatocarcinogénesi



Daniela Speisky,1 Glenda Ernst,2 Félix Vigovich,1 Valeria Grossoni,1Alejandro Iotti,1 María Teresa García de Dávila1 

1 Servicio de Histopatología.2 Servicio de Neumonología.Hospital Británico. Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. 
Acta Gastroenterol Latinoam 2017;47(4):259-268
Recibido: 30/11/2016 / Aprobado: 15/05/2017 / Publicado en www.actagastro.org el 18/12/2017
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Resumen 

El carcinoma hepatocelular (CHC) es un tumor con diferenciación hepatocítica que normalmente no expresa marcadores de origen biliar como las citoqueratinas (CK) 7 y 19. Sin embargo, existe un subgrupo de CHC con expresión de marcadores de ambos linajes, que se desarrollarían a partir de células hepáticas progenitoras (CHP) y tendrían peor pronóstico. La prevalencia de la expresión de CK y de otras proteínas relacionadas a la hepatocarcinogénesis no ha sido explorada en series latinoamericanas. Objetivo. Caracterizar una serie argentina de CHC, y analizar la expresión de CK, E-cadherina, ß-catenina y p53. Métodos. Se analizaron retrospectivamente 126 piezas quirúrgicas, 51 de ellas con CHC. Resultados. Se encontró mayor prevalencia de CHC en el género masculino (75%), con edad media de 63 años y mayormente asociados al virus de la hepatitis C (39%). Las técnicas de inmunohistoquímica revelaron positividad con CK8/18 (86%), Hepar-1 (69%), Glypican-3 (66,6%), CK7 (52,9%), CEA (22%), CK19 (17,6%), E-cadherina (89%), ß-catenina (20%), y p53 (24%). Conclusión. En nuestra casuística, un alto porcentaje de CHC mostró positividad con CK7 y CK19. La tendencia al mayor índice proliferativo en los CHC positivos para dichos marcadores, así como el menor tamaño y la ausencia de invasión vascular en los tumores negativos para CK7, señalarían un comportamiento más agresivo en los CHC con expresión de marcadores biliares, potencialmente derivados de CHP. Estudios más amplios serían necesarios con el fin de dilucidar estos interrogantes y su relación con los diferentes agentes etiológicos involucrados. 
Palabras claves. Carcinoma hepatocelular, hepatocarcinogénesis, célula progenitora hepática, citoqueratina. 

Morphological and immunohistochemically characterization of hepatocellular carcinoma in Argentina. Relevance of the expression of cytokeratin and other proteins related to hepatocarcinogenesis

Summary

Hepatocellular carcinoma (HCC) is a tumor characterized by hepatocyte differentiation that usually does not express biliary markers, such as cytokeratin (CK) 7 and 19. However, there is a subgroup of HCC that express markers of both lineages and that may arise from hepatic progenitor cells (HPC) and have a worse prognosis. The prevalence of expression of CK and other proteins related to hepatocarcinogenesis has not been evaluated in Latin-American series. Aim. The aim of this study was to characterize an Argentinean series of HCC and analyze CK, E-cadherin, ß-catenin, and p53 expression. Methods. 126 surgical specimens, of which 51 had HCC, were analyzed. Results. A higher prevalence of HCC was found in male patients (75%), with mean age of 63 years old. Hepatitis C virus infection was the most common etiology (39%). Immunohistochemistry techniques showed positivity for CK8/18 (86%), Hepar-1 (69%), Glypican-3 (66.6%), CK7 (52.9%), CK19 (17.6%), CEA (22%), E-cadherin (89%), ß-catenin (20%), and p53 (24%). Conclusion. In our series, a high percentage of HCC was positive for CK7 and CK19. A trend towards a higher proliferative index in HCC that was positive for these markers as well as smaller size and absence of vascular invasion in CK7-negative tumors, point to a more aggressive behavior of HCC with biliary-marker expression that may derive from HPC. Larger studies would be necessary to elucidate these issues and their association with different etiological agents. 
Key words. Hepatocarcinoma, hepatocarcinogenesis, hepatic progenitor cell, cytokeratin. 
AbreviaturasCHC: carcinoma hepatocelular.VHB: virus de la hepatitis B.VHC: virus de la hepatitis C.HH: hemocromatosis hereditaria.Hepar-1: hepatocyte paraffin 1.CK: citoqueratina.CHP: células hepáticas progenitoras.OMS: organización mundial de la salud.CEA: antígeno carcinoembrionario.CRIHB: Comité de Revisión Institucional del Hospital Británico de Buenos Aires. 
El carcinoma hepatocelular (CHC) representa el tipo histológico más común entre los tumores hepáticos primarios y la tercera causa de muerte por cáncer en el mundo.1-3 Recientemente, se ha descripto un incremento de su incidencia y agresividad, que confieren a los pacientes un pronóstico desfavorable, por lo que la detección precoz constituye un verdadero desafío. La infección crónica con el virus de la hepatitis B (VHB) o C (VHC) y el abuso de alcohol se reconocen como las causas más frecuentes de CHC en un contexto de inflamación crónica y cirrosis.2-4 No obstante, otras condiciones como la esteatohepatitis no alcohólica, la hemocromatosis hereditaria (HH) y las hepatopatías autoinmunes, entre otras, han sido reportadas en asociación con dicha neoplasia.1-4
En Argentina, ha sido previamente analizado el impacto epidemiológico de los CHC.5-7 Sin embargo, no se han reportado estudios morfológicos que describan el histotipo y el inmunoperfil de esta neoplasia. A nivel histológico, se reconocen diferentes patrones arquitecturales y variantes citológicas que han dado lugar a distintas clasificaciones, destacando el alto grado de polimorfismo de estas lesiones.1, 8, 9 Esta amplia variedad inter e intratumoral comprende un espectro de CHC que abarca desde tumores bien diferenciados hasta aquellos con pobre diferenciación, por lo que la estirpe celular resulta difícil de establecer. En este contexto, los hallazgos obtenidos por inmunohistoquímica aparecen como herramientas complementarias de utilidad diagnóstica.9
En el hígado normal, los hepatocitos expresan Hepar-1 (Hepatocyte paraffin 1) y CK 8/18 (citoqueratina 8/18), mientras que el epitelio biliar expresa CK7 (citoqueratina 7) y CK19 (citoqueratina 19). Sin embargo, también existen células hepáticas progenitoras (CHP) o stem cells, que coexpresan marcadores hepatocíticos y biliares, que tendrían el potencial de diferenciarse hacia cualquiera de los dos linajes. La marcación positiva con CK7 y CK19 en algunos CHC sugeriría un posible origen en las CHP, a partir de las cuales se desarrollaría un subgrupo de CHC con peor pronóstico.10
Las técnicas de inmunohistoquímica cobran un interés suplementario en el estudio de moléculas relacionadas a la carcinogénesis y/o al crecimiento tumoral, cuya expresión en CHC resulta controversial en la actualidad.11-13 Un ejemplo claro lo constituye la disminución en la expresión de las moléculas E-cadherina y ß-catenina, así como la mutación del gen supresor de tumores p53, clásicamente descriptas en tumores epiteliales de distinta estirpe.14-20 De esta manera, el desafío de las clasificaciones futuras radicaría en el aporte de datos histopatológicos e inmunofenotípicos que contribuyan a predecir el comportamiento indolente o agresivo de dichas neoplasias.21
El objetivo de este trabajo fue caracterizar una serie argentina de CHC a nivel morfológico e inmunohistoquímico, con especial énfasis en la expresión de CK7 y CK19 en relación con el linaje celular, y analizar la expresión de otras proteínas implicadas en la hepatocarcinogénesis.

Material y métodos

DiseñoSe analizaron en forma retrospectiva 126 piezas quirúrgicas hepáticas de pacientes operados entre agosto de 2010 y mayo de 2014. Se seleccionaron los especímenes con CHC (n = 51): 46 hepatectomías totales (explantes) y 5 resecciones parciales. Se registró la edad y el género de los pacientes. El presente estudio fue aprobado por el comité de revisión institucional del Hospital Británico de Buenos Aires (CRIHB) de acuerdo con los principios de la declaración de Helsinki.
CriteriosSe incluyeron los casos de CHC con etiología asociada conocida (VHC, VHB, etilismo crónico, cirrosis biliar primaria, hepatitis autoinmune, HH) y los de causa indeterminada (criptogénica). Se excluyeron los explantes hepáticos de causa no tumoral, los carcinomas hepatocelulares fibrolamelares y los colangiocarcinomas.
MuestrasEn las piezas quirúrgicas se analizó la localización, tamaño y multicentricidad tumoral. Se agrupó a los tumores iguales o mayores de 3 cm como CHC de gran tamaño y a los menores de 3 cm como CHC pequeños.
Procesamiento de las muestrasA partir del material fijado e incluido en parafina se realizaron cortes histológicos y se colorearon con hematoxilina y eosina. Todos los especímenes fueron obtenidos del archivo de patología del Hospital Británico de Buenos Aires. El grado histológico fue evaluado según la clasificación de Edmondson y Steiner (grados I a IV) y según su diferenciación, de acuerdo con la clasificación de la Organización Mundial de la Salud (OMS).1, 9 En el parénquima no tumoral, se evaluó la presencia de cirrosis, displasia hepatocítica, esteatosis e invasión vascular.
Las técnicas inmunohistoquímicas se realizaron sobre secciones histológicas de 3 micras mediante un sistema automatizado de inmunomarcación de acuerdo con las pautas del fabricante (Benchmark XT, Ventana). Se utilizaron los siguientes anticuerpos: CK7 (OV-TL 12/30; Cell Marque; monoclonal de ratón; 1/100), CK8/18 (B22.1-23.1; Cell Marque; monoclonal de ratón; 1/100), CK19 (RCK 108; bioGENEX; monoclonal de ratón; 1/100), CEA (CEA31; Cell Marque; monoclonal de ratón; 1/100), CD34 (QBEnd/10; Cell Marque; monoclonal de ratón; 1/100), E-cadherina (EP700Y; Cell Marque; monoclonal de conejo; 1/50), ß-catenina (Clone 14; Cell Marque; monoclonal de ratón; 1/50), Hepar-1 (OCH1E5, DAKO; monoclonal de ratón; 1/50), p53 (DO7; Cell Marque; monoclonal de ratón; 1/100), Glypican-3 (1G12; Cell Marque; monoclonal de ratón; 1/50) y Ki67 (SP6; Cell Marque; monoclonal de conejo; 1/100).
Los cortes histológicos fueron desparafinados y rehidratados. La recuperación antigénica se llevó a cabo mediante pretratamiento con altas temperaturas (60 minutos a 65°C). Para la detección y visualización se utilizó el kit ultraview universal DAB (ventana). La sustitución de todos los anticuerpos primarios por PBS fue utilizado como control negativo.
Para el análisis semicuantitativo de los marcadores de diferenciación epitelial (Hepar-1, CK8/18, CEA, CK7, CK19 y Glypican-3) se consideró como positivos a los tumores con más del 5% de expresión en células tumorales. Para los marcadores relacionados a la carcinogénesis (E-cadherina, ß-catenina y p53) se consideró como positivo focal (pérdida parcial) a la marcación en menos del 20% de la superficie tumoral y positiva difusa a aquella con expresión en más del 20% del tumor.
Se definió a los CHC como neoplasias de baja o alta fracción de proliferación tomando como punto de corte un Ki67 del 20%.
Análisis estadísticoLos resultados fueron presentados como media y error estándar o como porcentaje; se consideró como estadísticamente significativo una p < 0,05. Los resultados fueron analizados utilizando el test de Mann Whitney y/o ANOVA. Los gráficos y el análisis de los datos fueron realizados utilizando el Prism software GraphPad-6 (La Jolla, CA) y el MedCalc Statistical Software versión 14 (MedCalc Software bvba, Ostend, Belgium; http://www.medcalc.org).

Resultados

De las 126 piezas quirúrgicas hepáticas analizadas, 51 presentaban CHC, 38 de las cuales pertenecían a pacientes de género masculino (75%) y 13 (25%) al femenino. La edad media al momento de la cirugía fue de 63 (rango: 30-85 años).
Las características demográficas de los pacientes así como el agente etiológico asociado se muestran en la Tabla 1. La infección con el VHC se encontró en 20 pacientes (39%), seguida por la intoxicación crónica por alcohol (n = 7; 14%). Las causas menos frecuentes fueron VHB y HH en 2 pacientes respectivamente (4%), un caso de cirrosis biliar primaria y uno de hepatitis autoinmune (2% respectivamente). Cinco pacientes presentaron causas asociadas de CHC, 4 de ellos (8%) alcohol y VHC, y uno (2%) alcohol y HH. En trece casos (26%) la causa de CHC fue indeterminada (criptogénica).
Tabla 1. Datos clínicos y tipo de cirugía practicada en pacientes con CHC.
Estudio macroscópico de los CHCLos hallazgos de este estudio mostraron que el 70,6% de los casos (n = 36) presentaron una neoplasia única, mientras que en el resto (29,4%) los CHC fueron multifocales (2 a 3 tumores por espécimen). Se observó mayor tamaño en los tumores únicos con una media de 3,5 ± 0,5 cm de diámetro mayor (rango: 0,6-16,5), en comparación con los multifocales en donde se identificaron CHC de menor tamaño (rango: 0,5-12). La localización más frecuente de los CHC fue en el lóbulo hepático derecho (n = 34; 67%).
Estudio histológico de los CHC y del parénquima no tumoralEn el estudio con microscopía de luz, 22 neoplasias evidenciaron arquitectura trabecular (43%). Diecisiete tumores (33%) mostraron un patrón combinado trabecular y pseudoglandular u otras asociaciones (trabecular y sólido 10%; trabecular y células claras 4%) (Figuras 1A a 1D). Se encontraron cuatro CHC que combinaban hasta 3 patrones diferentes dentro del mismo tumor (trabecular, pseudoglandular y sólido 6%; trabecular, pseudoglandular y células claras 2%).
El grado histológico mayormente observado (n = 33; 65%) fue el moderadamente diferenciado (grado II), seguido por el bien diferenciado (grado I) (n = 13; 25%). Tres casos (6%) presentaron un grado histológico mixto, alternando zonas de CHC de grado II con grado III, con presencia de células gigantes pleomórficas (Figuras 1E y 1F). En nuestra serie el grado III se encontró siempre asociado con áreas de grado II y nunca como constituyente único del tumor. Se identificó invasión de la microvasculatura en el 41% (n = 21).
En el parénquima hepático no tumoral se observó que el 94% (n = 48) presentaba cirrosis asociada. El resto evidenció esteatosis macrovacuolar en 2 casos y un cuadro hepatítico con severa actividad.
Inmunotipificación de los CHCPara definir el fenotipo de las células neoplásicas, luego del estudio morfológico se realizaron técnicas inmunohistoquímicas, observándose positividad con CK8/18 en el 86% (n = 44) de los CHC, con Hepar-1 en el 69% (n = 35), con Glypican-3 en el 66,6% (n = 24) y con CEA en el 22% (n = 11). El CD34 remarcó el patrón sinusoido-trabecular de los CHC en el 100% de los tumores.
Por otra parte, se evidenció que la mayoría de los CHC conservaban la expresión de E-cadherina. Treinta y siete tumores (73%) mostraron positividad difusa y 8 (16%) evidenciaron positivad focal (pérdida parcial) de dicho marcador.
La ß-catenina mostró positividad nuclear en 10 tumores (20%), 8 (16%) de ellos con patrón de marcación difuso y 2 (4%) con positividad focal. La sobreexpresión de la proteína p53 se constató en el 24% de los CHC (n = 12), en todos los casos con una marcación difusa.
La fracción de proliferación tumoral demostró un rango muy amplio del 1% al 90% (media 17,6%), por lo que se tomó como punto de corte un Ki67 de 20%, observándose que el 61% de los CHC (n = 31) correspondían a neoplasias con baja fracción de proliferación, mientras que en el 27% (n = 14) la fracción de proliferación fue alta.
Figura 1. Patrones arquitecturales y citológicos de los CHC coloreados con hematoxilina y eosina. A: CHC con patrón de crecimiento trabecular y pseudoglandular. B: CHC de tipo sólido. C y D: CHC con patrón trabecular y sectores de células claras (flecha). E y F: CHC con patrón de crecimiento sólido y de células bizarras multinucleadas. Aumento original: 100X (A, B, C, D, E); 400X (F). CHC: carcinoma hepatocelular.
Expresión de CK7, CK 19 y Glypican-3 en CHCLos resultados del análisis por inmunohistoquímica mostraron que el 52,9% (n = 27) de los CHC expresaban CK7 (Figuras 2A y 2B). No se observó diferencia significativa entre los CHC CK7 positivos y negativos, en relación con el tamaño tumoral (12 de 27 CHC CK7 positivos y 5 de 19 CK7 negativos eran de gran tamaño, p = 0,16), la presencia de invasión vasculolinfática (15 de 27 CHC CK7 positivos y 6 de 19 CK7 negativos presentaban invasión vasculolinfática, p = 0,68) y la multifocalidad tumoral (8 de 27 CHC CK7 positivos y 6 de 19 CK7 negativos eran multifocales, p = 0,08) siendo en su mayoría unifocales (70,5%, n = 36). Sin embargo, en los casos CK7 negativos se evidenció una tendencia a una mayor proporción de CHC pequeños (< 3 cm) (14 tumores pequeños vs. 5 grandes) y a la ausencia de compromiso vasculolinfático (13 CHC sin vs. 6 con invasión vasculolinfática) en comparación a los CHC con positividad para CK7 (Figuras 3A y 3C). Más aún, los tumores de gran tamaño iguales o mayores a 7 cm (n = 6) fueron en todos los casos positivos para CK7.
Al comparar el índice de proliferación tumoral (Ki67) entre los CHC que expresaban o no CK7, se observó que los tumores positivos para dicho marcador presentaban una fracción proliferativa más alta a pesar de que la diferencia entre ambos grupos no fue significativa (9 de 27 CHC CK7 positivos y 4 de 19 CK7 negativos tenían alta proliferación, p = 0,17) (Figura 3E).
Figura 2. Expresión inmunohistoquímica de marcadores de linaje biliar en un carcinoma hepatocelular (CHC). A: la marcación con CK7 muestra un patrón de positividad en parches y con diferente intensidad en el CHC (flecha gruesa), en comparación con los conductos biliares reactivos peritumorales con marcación fuerte y homogénea (flecha fina). B: mayor aumento de A; positividad con CK7 en hepatocitos neoplásicos de tamaño pequeño que remedan a las células hepáticas progenitoras (CHP) (flecha gruesa) y en otros más grandes con mayor diferenciación (flecha fina). C: expresión focal de CK19 (flecha gruesa) en un CHC con marcada proliferación ductular peritumoral (flecha fina). La marcación en los conductos biliares proliferados es más intensa en comparación con los hepatocitos neoplásicos. D: mayor aumento de C; marcación de membrana en hepatocitos del CHC. Aumento original: 100X (A, C); 400X (B, D).
Al analizar la marcación con CK19, se observó que el 17,6% (n = 9) expresaban dicho marcador (Figuras 2C y 2D). No se evidenció diferencia significativa en los CHC positivos y negativos para CK19 en relación con su tamaño tumoral (2 de 9 CHC CK19 positivos y 14 de 31 CK19 negativos eran de gran tamaño, p = 0,51), la invasión vascular (2 de 9 CHC CK19 positivos y 18 de 31 CK19 negativos presentaban invasión vasculolinfática, p = 0,66), la multifocalidad (3 de 9 CHC CK19 positivos y 11 de 31 CK19 negativos eran multifocales, p = 0,96) (Figuras 3B y 3D). Si bien en ambos grupos predominaron los CHC con bajo índice de proliferación, se observó una tendencia al aumento de la fracción proliferativa en aquellos tumores que expresaban CK19 (4 de 9 CHC CK19 positivos y 8 de 31 CK19 negativos tenían alta proliferación, p = 0,22) (Figura 3F).
Por otra parte, se observó que el 66,6% de los CHC expresaban Glypican-3 (n = 24) (Figura 4). No se identificó diferencia significativa entre los grupos positivos y negativos para CK7 y CK19 en relación a la expresión de Glypican-3 (p = 0,15 y p = 0,6, respectivamente).
Tampoco se demostró diferencia significativa en la sobrevida de los pacientes al analizar dichos grupos (18 y 8 pacientes con CHC CK7 y 19 positivos, así como 15 y 20 pacientes con CHC CK7 y 19 negativos, respectivamente, están vivos en la actualidad).
Figura 3. Tamaño tumoral (A y B), porcentaje de invasión vascular (C y D) e índice de proliferación (E y F) en carcinomas hepatocelulares, en relación con la expresión de CK7 y CK19.
Figura 4. A: expresión inmunohistoquímica de Glypican-3 en un carcinoma hepatocelular (CHC) con patrón pseudoglandular y marcación citoplasmática. B: mayor aumento de (A). Aumento original: 100X (A); 400X (B).

Discusión

En el presente trabajo se estudió una serie argentina de CHC desarrollados en hígados con diversas patologías asociadas. Si bien dichas neoplasias han sido bien caracterizadas en ciertos países, poco se sabe de los CHC en nuestra región.2, 5, 6 Los datos epidemiológicos recopilados en nuestra serie fueron similares a los descriptos en un trabajo argentino realizado por Fassio y col. Mayor frecuencia de CHC en el género masculino, edad media cercana a los 63 años y acompañados de cirrosis en más del 90% de los casos. Sin embargo, en lo referente a la etiología, en nuestra serie el VHC llegó casi a triplicar el alcoholismo crónico (39% y 14% respectivamente), contrariamente al trabajo previamente citado, en donde la intoxicación crónica por alcohol predominó ligeramente en relación con el VHC (41,6% y 40,5% respectivamente).5 Según las distintas publicaciones, las proporciones de VHC varían en relación con la distribución geográfica, asemejándose la nuestra a la encontrada en Italia (44%- 66%), Francia (27%-58%) y a la reportada en un estudio latinoamericano que incluyó a la Argentina (30,8%).2, 6
En el presente trabajo, reportamos por primera vez en Argentina datos que corroboran la heterogeneidad morfológica de estos tumores, evidenciando un alto porcentaje de neoplasias combinadas, con diferentes patrones histológicos y grado de diferenciación dentro del mismo tumor. Trabajos recientes remarcaron la importancia de complementar el estudio morfológico de los CHC con el análisis inmunofenotípico, con la intención de responder a distintos interrogantes tales como la célula de origen tumoral, su comportamiento y, en un futuro, su sensibilidad al tratamiento.21
Dado que los CHC derivan de hepatocitos transformados, es esperable que estas células expresen marcadores de dicho linaje. Sin embargo, en algunos CHC ha sido reportada la coexpresión de marcadores hepatocíticos y biliares (CK7 y CK19), como resultado de la desdiferenciación de los hepatocitos hacia estadios más inmaduros con potencial bifenotípico.10, 22, 23 Estos hallazgos llevaron a proponer que algunos CHC se originarían en las CHP o stem cells, cuya histogénesis es aún desconocida, pero que se asociarían a un peor pronóstico.10 A pesar de la limitación en el tamaño muestral, consideramos que los resultados del inmunoperfil aquí analizado son de gran interés. Por un lado, se observó que casi el 53% de los CHC expresaban CK7, llegando casi a triplicar la marcación con CK19. Esta marcación resultó, además, mayor a la observada en otras series, lo que corrobora la heterogeneidad de dichos tumores no solo a nivel morfológico, sino también en su inmunofenotipo. Si bien en nuestra serie, al igual que en otros reportes, el tamaño y el compromiso vascular no tuvieron correlación con la expresión de CK7, se pudo evidenciar una tendencia hacia un comportamiento menos agresivo en los CHC CK7 negativos, dado que en su mayoría fueron más pequeños y carecían de invasión vascular.10, 22De manera similar, se pudo observar que, si bien la diferencia no fue significativa, la mayoría de los CHC CK7 positivos expresaban Glypican-3, un marcador utilizado en la actualidad para diferenciar lesiones hepatocíticas benignas de malignas.
Por otro lado, el mayor tamaño y el tipo de muestra (resecciones quirúrgicas parciales/biopsias hepáticas) analizado en otros reportes podría explicar las diferencias con los CHC aquí estudiados, provenientes en su mayoría de pacientes trasplantados y con neoplasias de menor tamaño. Más aun, en nuestra casuística, los únicos casos resecados parcialmente por su gran tamaño mostraron marcación positiva para CK7, con lo que se podría hipotetizar que en los CHC avanzados existiría una tendencia al aumento de la expresión de CK7.
Asimismo, pudimos evidenciar una tendencia al aumento del Ki67 en los CHC que expresaban CK7 y/o CK19. Estos resultados estarían de acuerdo con publicaciones previas que proponen que este subtipo de CHC con expresión de marcadores biliares tendría peor pronóstico.10, 22
Finalmente, incluimos en este estudio, el análisis inmunohistoquímico de ciertas proteínas implicadas en la vía de la carcinogénesis hepatocítica, en un intento de explicar los resultados controversiales previamente reportados.19, 20, 24, 25 Debido a la pérdida de E-cadherina en los distintos tumores epiteliales, se creyó que dicha molécula podría estar disminuida en los tumores hepatocíticos y de esta manera explicar su comportamiento agresivo.14-16 Sin embargo, en los CHC los resultados fueron divergentes, con pérdida de su expresión en algunos reportes y conservación en otros, incluida esta serie.17, 26 Hallazgos igualmente controversiales se encontraron al estudiar la alteración de la ß-catenina en los CHC, con un rango muy amplio de mutación según las distintas series (13% al 43%) e incluso en tumores hepáticos benignos.24-30
El análisis de la sobreexpresión de la proteína p53 tendría un interés epidemiológico suplementario, debido a su relación con distintos agentes etiológicos relacionados al CHC, como la exposición a la aflatoxina B1 y su asociación con la HH.19, 20 En nuestro estudio, la sobreexpresión de la proteína p53 se constató en el 24% de los CHC, 2 de los cuales presentaban HH como factor asociado. Nuevos estudios con mayor número de casos serían necesarios para esclarecer la expresión de estas 3 moléculas en los CHC de nuestra región.

Conclusión

Describimos por primera vez en nuestra población la morfología y el inmunoperfil de una serie de CHC. Evidenciamos un alto porcentaje de CHC con positividad para CK7 y CK19 con tendencia al aumento de su fracción proliferativa. Los CHC negativos para CK7 fueron mayormente de pequeño tamaño y no mostraron invasión vascular, por lo que podrían señalar un subgrupo de CHC provenientes de una CHP con potencial bifenotípico y comportamiento biológico diferente. Los CHC positivos para CK7 mostraron una tendencia a la mayor expresión de Glypican-3, marcador relacionado con la malignidad hepatocítica.
La relevancia e incidencia de la expresión de CK7 y CK19 en CHC no ha sido aún explorada en series latinoamericanas. Estos resultados, en conjunto con los hallazgos controversiales en relación con la expresión de E-cadherina, ß-catenina y p53, requieren estudios colaborativos y con un mayor tamaño muestral, con el fin de dilucidar factores de mal pronóstico o predictores de recurrencia.
Dado que en nuestra serie la mayoría de los CHC se asociaban al VHC, sería de gran interés ampliar el estudio a los casos asociados con otros factores etiológicos, con el objetivo de promover la vigilancia de los pacientes en riesgo y de este modo detectar precozmente la aparición de estos tumores.
Sostén financiero. El soporte financiero para la publicación del presente manuscrito proviene del Premio de Honor al Trabajo Científico de Investigación 2014, otorgado por la Asociación de Médicos y Odontólogos del Hospital Británico de Buenos Aires.
Agradecimientos. Los autores agradecen a Olga Ocampo por el soporte técnico y a Mara Canale y Yanina Sivrigian por la colaboración administrativa. 
Conflicto de intereses. Los autores declaran que no existen conflictos de interés.